Vino Blanco: La Guía Definitiva para los amantes del Vino

Copa de vino blanco sobre fondo de flores y plantas

El vino blanco es un producto increíble de nuestra gastronomía. Existen una gran cantidad de tipos de vino blanco, en función de la uva con que se fabrica y del tratamiento que recibe. Su historia, además, se remonta muchos siglos atrás.

En este artículo aprenderás todo lo que un buen aficionado al vino necesita saber. Trataremos desde qué es el vino blanco y cómo se consigue, hasta su origen, en qué tipo de copa y condiciones debe tomarse o cuáles son los principales vinos gallegos. También abordaremos cuestiones como las variedades de uva blanca que existen o cuáles son sus propiedades y diferencias respecto al vino tinto, entre otros aspectos.

Capítulo 1

Introducción al vino blanco

En este primer capítulo vamos a exponer los conceptos básicos que giran en torno al vino blanco. Se desarrollará qué es el vino blanco, cómo se fabrica, cuál es su historia y origen, las zonas geográficas donde se concentran los viñedos de todo el mundo y las Denominaciones de Origen que existen en España.

Cuando finalices la lectura de este apartado tendrás una mayor perspectiva acerca de este producto gastronómico. Verás con otros ojos todo el trabajo desde la recolección de la uva hasta el empaquetado en la botella que llega al punto de venta. Además, serás capaz de entender el gran valor que ha tenido el vino para millones de personas a lo largo de los años.

¿Qué es el vino blanco?

El vino blanco es una bebida producida mediante la fermentación alcohólica de diferentes tipos de uvas blancas. Puede beberse tanto solo como acompañado de comida, y tradicionalmente se ha asociado con el maridaje de pescados, mariscos y algunas carnes blancas.

El vino blanco es, por lo tanto, una bebida alcohólica en torno a la cual existe todo un sector de producción. El producto se consigue únicamente tras un largo proceso de cultivar la uva, recogerla, limpiarla, prepararla y fermentarla durante periodos que pueden ir desde unos pocos meses hasta varias décadas. Que podamos tener una botella de vino blanco en las manos es gracias al trabajo realizado por una gran cantidad de personas durante mucho tiempo, lo que sin duda alguna lo convierte… en algo único y lujoso.

Por este motivo se ha creado toda una cultura alrededor del producto, que debe consumirse con el mismo respeto con el que ha sido producido. Cada botella suele indicar las condiciones óptimas de temperatura para su consumo, que se corresponden con aquellas que permiten al vino explotar todo su potencial de sabor y aroma. Lo mismo sucede con las copas donde debe degustarse: cada cosecha tiene una copa predilecta en la que podemos apreciar al máximo sus propiedades organolépticas.

Foto: Adam Dam (Unsplash)

Con todo, el vino blanco es una bebida especial que realza cualquier comida o aperitivo. Es un producto consumido en grandes cantidades en todo el mundo, ya que nos permite disfrutar aún más del placer de comer y beber. Es una forma superior de consumir el producto básico de la uva, que ha sido sometida a un cuidado proceso mediante el cual salen a la luz sus mejores características.

Cómo hacer vino blanco

Tal y como hemos comentado con anterioridad, el proceso para hacer vino blanco es largo y laborioso. Sin embargo, es esta complejidad la que permite obtener un producto final de calidad y tan agradable al paladar. Por lo general se establece que existen 10 fases o etapas de producción, aunque estas se ven ampliadas si tenemos en cuenta los procesos previos de cultivo y cuidado de los viñedos. Igualmente podemos ver que el sector vinícola cubre otras fases posteriores a la fabricación del vino blanco, como son el etiquetado, la distribución o la comercialización. En esta explicación, sin embargo, vamos a limitarnos a las 10 fases comúnmente aceptadas en torno a la producción del vino propiamente dicha.

Así pues, a continuación detallamos el paso a paso necesario para convertir un puñado de pequeñas uvas en este líquido de color blanco o amarillento que tanto nos gusta:

1. Despalillado

Es una etapa opcional pero que puede mejorar notablemente la calidad del producto final. Consiste en eliminar el raspón que mantiene las uvas unidas al racimo, así como en deshacerse de los restos de hojas o tierra que pueda contener la materia prima. Este proceso elimina la acidez que se concentra en el raspón y contribuye a lograr un vino blanco de sabor más intenso.

Para su realización se recurre a las conocidas como máquinas despalilladoras, que pueden ser de tipo vertical u horizontal. Su funcionamiento es sencillo, y es que se vuelcan en ellas los racimos de uvas y estas se separan automáticamente en cuestión de unos pocos minutos.

2. Estrujado

Tal y como su propio nombre indica, el estrujado implica «apretar» la uva para extraer toda su pulpa. El proceso se hace con la precaución de mantener las pieles y las pepitas intactas, de manera que estos elementos más duros no queden también aplastados y mezclados con la carne de la uva. El resultado del estrujado se conoce con el nombre de mosto, y es la parte donde se encuentran todas las levaduras naturales de la materia prima. El mosto es la base sobre la que se va a trabajar posteriormente.

Elaboración de vino blanco
por Julio Prieto. ORIGEN

El estrujado es lo que tradicionalmente se hacía mediante el pisado de la uva. En la actualidad, sin embargo, se utilizan máquinas estrujadoras con capacidad para evitar moler la piel la piel y las pepitas, que quedan entremezcladas en el mosto pero de forma entera.

3. Maceración.

Se trata de una etapa opcional que, de hecho, a menudo es ignorada en la producción del vino blanco. En ella se pone a macerar el mosto que acaba de ser estrujado junto a las semillas y las pieles. Su objetivo es que el mostro extraiga parte del color y de los aromas que conservan los otros elementos, logrando un olor más complejo y un color más intenso. Este proceso se realiza en depósitos que pueden ser de acero inoxidable o de madera, y suele durar entre una y cuatro semanas.

En el vino blanco, sin embargo, la maceración va en contra del cuerpo ligero y fresco que se pretende conseguir en el producto final. También suele generar un color del vino más intenso, por lo que en muchos casos se decide avanzar directamente desde el estrujado hasta el prensado.

4. Prensado

El prensado, también conocido con el nombre de aplastado, consiste en prensar o aplastar la mezcla del mosto que aún contiene las pieles y pepitas de la uva. Es en este momento cuando se eliminan los residuos que no formarán parte del producto acabado. Las máquinas prensadoras tienen la capacidad de extraer al máximo el jugo de las partes sólidas de la uva, dando como resultado un mosto limpio y de calidad, donde se concentran todas las propiedades organolépticas y las levaduras responsables de la fermentación alcohólica.

El prensado puede realizarse de muchas maneras, ya que la velocidad, duración y grosor del prensado son decisivos en la calidad y sabor del vino que se obtendrá. Por lo general se recomienda realizar procesos de prensado más suaves para el vino blanco y más intensos para el vino tinto. La maquinaria utilizada va desde prensas continuas, de tipo mecánico, hidráulico o de bandas; hasta prensas discontinuas que interrumpen intencionadamente el prensado para realizar numerosos intervalos de poca duración.

5. Fermentación alcohólica

Una vez tenemos el mosto limpio y preparado es el momento de iniciar su fermentación alcohólica, un proceso durante el cual se convierte el azúcar del mosto en alcohol. Para ello se introduce este jugo en las denominadas cubas, que no son más que grandes recipientes fabricados en acero inoxidable o madera. Las cubas de madera más utilizadas con los vinos blancos son las de barrica de roble. En ambos casos, sin embargo, se deja reposar el mosto unas tres semanas a una temperatura de entre 18º y 20º.

Foto: Vince Veras (Unsplash)

Aunque el mosto posee levaduras naturales, es frecuente que el enólogo responsable del proceso incluya otras levaduras en la barrica de fermentación. Esto permite arrancar la fermentación espontánea de la materia prima. La selección manual de diferentes cepas de levaduras, además, permite regular los aromas del mosto y la graduación alcohólica que se desea para el producto final.

6. Fermentación maloláctica

Esta segunda fermentación trabaja a partir del ácido málico, responsable de los sabores de tipo ácido, fresco y frutal. Por este motivo es mucho más frecuente en la producción de vinos tintos que en la de vinos blancos, donde se busca mantener estas características hasta el producto final. Aunque eso no significa que no esté presente en algunos vinos blancos, donde el proceso de fermentación maloláctica elimina parte de la acidez y aporta volumen en boca.

Mientras que en la anterior fermentación alcohólica se utilizan levaduras, en la fermentación maloláctica se recurre a la función de las bacterias lácticas presentes en el mosto. Este proceso puede desencadenarse de forma natural cuando en el mosto ya no queda más azúcar que convertir en alcohol, o bien puede potenciarse incluyendo bacterias lácticas en la barrica de fermentación. En cualquier caso es imprescindible que el producto se encuentre a una temperatura mínimo de 20º. No existe una regla generalizada sobre el tiempo que debe durar esta segunda fermentación, ya que dependerá de cuánto se quiera reducir el nivel de acidez del vino resultante.

7. Maduración

La maduración implica el reposo del mosto ya fermentado y convertido en vino o, dicho de otra manera, es el tiempo que continúa en la bodega antes de embotellarlo y distribuirlo. Dicho reposo puede hacerse en un nuevo tanque o cuba de acero inoxidable o madera, aunque los vinos más jóvenes se transfieren directamente a una botella de vidrio. Este proceso puede durar unas semanas o varios meses, y es determinante a la hora de decidir la cantidad de oxígeno y los aromas finales que posee el vino en cuestión.

El tiempo de maduración se utiliza para clasificar los vinos en función de si son jóvenes (hasta 4 meses de maduración), crianza (hasta 3 años), reserva (entre 24 y 36 meses)o gran reserva (a partir de los 48 meses).

8. Crianza en barrica

Esta fase está destinada a aquellos vinos para los que se establece un tiempo de maduración largo. Se trata de almacenarlo durante parte de su maduración en una barrica de madera, donde alteran sutilmente sus aromas debido al contacto con el material de la cuba. Estos tanques de almacenamiento también fomentan la llamada microoxigenación, y que consiste en pequeñas cantidades de oxígeno que recibe el vino a través de la madera.

La crianza en barrica requiere que el producto se encuentre en un entorno con una humedad relativa de al menos el 75%, además de un tratamiento cada medio año para eliminar los residuos sólidos que se acumulan en el fondo.

9. Estabilización, filtrado y envasado

Estos tres procesos dan lugar al producto ya envasado. En primer lugar se realiza la estabilización, que consiste en disolver un clarificante en el vino con el propósito de eliminar las proteínas indeseadas y otras sustancias que hayan quedado en suspensión. Los vinos tintos utilizan clarificantes como la cola de pescado o la bentonita, mientras que los vinos tintos recurren a la gelatina o la albúmina.

A continuación, el filtrado se realiza al pasar el vino (que aún es una sustancia de color turbio) por un filtro de poros muy finos. Esta placa retiene las partículas e impurezas del vino y deja pasar el vino fino y limpio, por lo que funciona como un colador. El filtrado es imprescindible para estabilizar el vino y eliminar las sustancias indeseadas que no permitirían su comercialización.

Es en este momento cuando el vino está listo para su envasado. El líquido final se pesa y se introduce en el envase donde lo comprará el cliente, que normalmente consiste en una botella de vidrio. Las máquinas de embotellado funcionan con potentes chorros a vapor que esterilizan los envases, y están preparadas para dejar una cámara de aire en la parte superior de la botella. De lo contrario no sería posible poner y quitar el corcho que la cierra. El envasado también conlleva otros detalles propios de cada marca o empresa, como son la inserción de marcas y etiquetas.

10. Crianza en botella

Por último, debes saber que no todos los vinos que ya han sido envasados salen inmediatamente hacia el punto de venta. En algunos casos se les aplica un último periodo de maduración en su propia botella, que puede durar desde algunos días hasta varios meses. Cuando el enólogo así lo considera en cada caso, el producto acabado sale de la bodega para que sea adquirido por el consumidor.

Historia y origen

El vino blanco no es algo que hayamos inventado de forma reciente. Más bien al contrario, este exquisito producto lleva consumiéndose en todo el planeta desde hace más de 2.500 años. Esto nos daría a entender que el vino blanco se extendió de forma posterior a otras formas de utilizar y fermentar la uva. De hecho, hay indicios de que entre los años 6.000 y 5.000 a.C. nuestros antepasados ya utilizaban la uva para crear bebidas con azúcar. También se cree que fue a partir del año 3.000 a.C. cuando el ser humano empezó a cultivar viñedos de forma consciente, con el propósito de elaborar un producto secundario a partir de la uva.

El rey hitita Warpalawa ofrece un racimo de uvas al dios Tarhunta. Bajorrelieve en la roca en Ivriz, Turquía, al principio del 1er milenio antes de Cristo.
Foto: Verity Cridland (Wikimedia)

Con todo, la primera evidencia oficial la encontramos hace unos 7.500 años en Irán, donde un equipo que realizaba excavaciones arqueológicas en la zona encontró restos de vino. Aunque a día de hoy aún no se ha trazado la historia del vino a partir de dicho descubrimiento, se cree que este producto tuvo su desarrollo más importante en Oriente Medio y Mesopotamia desde el año 3.000 a.C. en adelante. Posteriormente hay registros de que en la antigua Grecia, que se inició en torno el año 1.200 a.C., el vino ya era recetado por los médicos como remedio para todo tipo de enfermedades.

En la época romana que le siguió ya encontramos numerosas evidencias de viticultura, entre las que se incluía el vino blanco. Esta bebida que habían descubierto de los griegos se convirtió en el centro de los caros banquetes de la nobleza. También empezó a considerarse el vino como una opción más sana que el agua, debido a que apenas tenían acceso al agua potable.

Ya entrada la Edad Media la tradición vinícola quedó ligada a la Iglesia Católica, que la adoptó como parte de sus rituales y misas. Las rutas de comercio fluvial y marítimo que se fueron creando poco a poco dieron pie a la exportación y generaron un gran interés por el vino blanco en países como Austria y Alemania. Más adelante esta cultura llegó a Francia, y el Valle del Loira se llenó de viñedos destinados a la producción de vino blanco seco. Durante la posterior época de las Cruzadas también se instalaron importantes terrenos de viñedos para vino blanco en la costa del Peloponeso, en Grecia.

A partir de le Edad Moderna se empezó a producir una considerable cantidad de vino blanco en España, que se concentró sobretodo en la costa de Cádiz. Desde aquí surgió una gran corriente de exportación a Inglaterra y los Países Bajos. En el siglo XVI se instalaron los primeros viñedos en América, mientras que sobre el año 1.650 Hungría descubría todo el potencial de las uvas blancas e inventaba el vino Tokaji. Cuando llegó el siglo XVIII, el interés por tomar vino blanco se había convertido en toda una moda parisina ligada al consumo en los cabarets.

Fabricación de Vino Blanco en la Alta Edad Media
Manuscrito Taquinum sanitatis, Biblioteca Nacional de Francia

Finalmente, la Edad Contemporánea trajo la invención del champán y los envases de vidrio. Se considera que la primera parte del siglo XIX fue una época dorada para el vino, ya que la revolución industrial creó un mercado masivo y facilitó el acceso a este exótico líquido. También fue cuando el Lago de Ginebra, en Suiza, se rodeó de viñedos destinados a producir vino blanco. A pesar del éxito y la expansión que cosechaba el sector, no fue hasta el siglo XX cuando empezaron a estudiarse en profundidad las necesidades de humedad y temperatura que requería la producción de vino. En este aspecto, fue en California donde descubrieron la temperatura óptima para la fermentación del vino blanco.

Geografía

En los últimos siglos las hectáreas de viñedos se han expandido por prácticamente todo el planeta. Sin embargo, aún existen algunos territorios que destacan por su elevada producción de vino o por la exclusividad y calidad del producto que generan. A continuación vamos a ver algunas importantes zonas de producción, pero también cuáles son los países que más consumen, exportan o importan el vino blanco.

El cultivo de uva blanca es más sencillo que el de uva destinada a vino tinto, ya que la primera puede crecer en entornos con temperaturas más bajas. Es por ello que una gran cantidad de la producción mundial se centra en el vino blanco. Una de las zonas geográficas con mayor cantidad de viñedos es Francia, que genera hasta 42 millones de hectolitros al año. Sus plantaciones se concentran en las regiones de Burdeos, Borgoña y Champagne, con una creciente presencia en los terrenos del Valle del Ródano o del Valle del Loira, entre otros. Se establece que el 23% de la superficie del país está ocupada por viñedos, y una gran parte de sus plantaciones son de uva blanca Chardonnay.

Otro importante país que destina hasta el 22% de su terreno a los viñedos es Italia, donde destaca la producción de la uva blanca Trebbiano. Sus principales regiones vinícolas son Piemonte, Véneto, Friul, Toscana, además de las islas de Sicilia y Cerdeña.

En tercer lugar encontramos España, donde existen 1,018 millones de hectáreas dedicadas a los viñedos. Una de las uvas blancas más cosechadas es la Airén, que crece principalmente en las zonas de Castilla-La Mancha y Extremadura. También existen otras importantes áreas vinícolas en las regiones de Cataluña, Ribera del Duero y La Rioja.

Mapa de las Denominaciones de Origen en España (Cortado)
Fuente: foodswinesfromspain.com – Descargar Mapa completo (.pdf)

Por detrás en esta clasificación encontramos Estados Unidos con 20,5 millones de hectolitros de producción anual de uvas blancas como la Chardonnay. La mayor cantidad de viñedos se encuentra en los estados de California y Washington. El quinto lugar lo ocupa Chile, con una producción anual de 12,6 millones de hectolitros que se produce en las regiones de Atacama, Coquimbo y Aconcagua, entre otras. Una de las uvas blancas más presentes en Chile también es la Chardonnay.

Respecto a las zonas de consumo, exportación e importación, en los últimos años el grueso del consumo de vino se ha concentrado en Australia, República Checa, Nueva Zelanda, Luxemburgo y Finlandia, donde cada habitante consume más de 7 litros de este producto al año. Por su parte, el principal país exportador es España con 24 millones de hectolitros cada año, lo que le reporta más de 2.600 millones de euros. En segundo lugar está Italia con 20 millones de hectolitros al año, lo que supone el 18% del vino que se produce en todo el planeta. El tercer lugar lo ocupa Francia con 14 millones de hectolitros exportados cada año, un número que además no deja de crecer.

Finalmente, todo este producto exportado va a parar a los principales países importadores. Estos son principalmente Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, donde las condiciones del clima y del terreno son poco favorables para el cultivo de grandes extensiones de viñedos.

Denominaciones de Origen en España

Los alimentos y bebidas con Denominación de Origen o D.O. son aquellos que han obtenido un reconocimiento oficial por su calidad y procedencia. En el caso del vino blanco, este título permite identificar aquellos productos que cumplen con las siguientes características:

  • El vino ha sido elaborado con uvas de una región con Denominación de Origen.
  • Las características organolépticas y la calidad son exclusivas de esa zona geográfica.
  • Es un vino reconocido en el mercado.
  • Han pasado al menos 5 años desde que se reconoció el valor de la zona geográfico de los viñedos.

En España existen unas 70 Denominaciones de Origen del vino y cada una de ellas produce distintas variedades de vinos blancos y tintos. Son las siguientes:

  • Abona
  • Alella
  • Alicante
  • Almansa
  • Arlanza
  • Arribes
  • Bierzo
  • Binissalem-Mallorca
  • Bullas
  • Calatayud
  • Campo de Borja
  • Cangas
  • Cariñena
  • Cataluña
  • Cava
  • Chacolí de Álava
  • Chacolí de Getaria
  • Chacolí de Vizcaya
  • Cigales
  • Conca de Barberá
  • Condado de Huelva
  • Costers del Segre
  • El Hierro
  • Empordá
  • Gran Canaria
  • Jerez-Xérés-Sherry
  • Jumilla
  • La Gomera
  • La Mancha
  • La Palma
  • Lanzarote
  • Málaga
  • Manchuela
  • Manzanilla Sanlúcar de Barrameda
  • Méntrida
  • Mondéjar
  • Monterrei
  • Montilla-Moriles
  • Montsant
  • Navarra
  • Penedés
  • Pla de Bages
  • Pla de Llevant
  • Priorat
  • Rías Baixas
  • Ribeira Sacra
  • Ribeiro
  • Ribera del Duero
  • Ribera del Guadiana
  • Ribera del Júcar
  • Rioja
  • Rueda
  • Sierras de Málaga
  • Somontano
  • Tacoronte-Acentejo
  • Tarragona
  • Terra Alta
  • Tierra de León
  • Tierra del Vino de Zamora
  • Toro
  • Uclés
  • Utiel-Requena
  • Valdeorras
  • Valdepeñas
  • Valencia
  • Valle de Güimar
  • Valle de la Orotava
  • Vinos de Madrid
  • Ycoden-Daute-Isora
  • Yecla

A continuación detallamos las más importantes en función de sus altos niveles de producción y exportación:

D.O.Ca. Rioja (La Rioja)

Sin duda alguna, una de las Denominaciones de Origen con mayor volumen de producción del país. Cuenta con unas 600 bodegas y casi 15.000 viticultores, quienes cuidan los viñedos que dan lugar a un vino exportado a 130 países. D.O.Ca. Rioja se expande por las zonas de Rioja Alta, Alavesa y Oriental, donde cuenta con 65.000 hectáreas alimentadas por el suelo fértil de orillas del río Ebro.

Desde hace algunos años han enfocado su mercado a China, hasta el punto de que anualmente organizan una ruta por las ciudades de Shanghai, Nanjing y Xiamen para organizar salones y catas de vino que dan a conocer el producto español. El impacto económico de la empresa es tan importante que incluso cuenta con un área de formación y de cursos online, a los que puede inscribirse cualquier interesado en el sector vinícola para aprender sobre los vinos de La Rioja, sobre el Enoturismo y sobre la comercialización internacional del sector.

Bajo el lema #TeMerecesUnRioja, estas bodegas fomentan toda una experiencia donde el vino es parte imprescindible de la vida en la comarca. Con este objetivo organizan diferentes rutas en las que conocer los viñedos del territorio, que pueden hacerse andando, a caballo o incluso en globo.

D.O. Cava (Cataluña)

En este caso se trata de una organización formada por un conjunto de bodegas y empresas elaboradoras. Todas ellas tienen en común la producción de variedad de uva blanca como el Macabeo, el Xarel·lo, la Parellada, la Malvasía y el Chardonnay. Además, sus viñedos se extienden por una amplia zona del litoral catalán que aprovecha el clima suave y soleado del Mar Mediterráneo. Su temporada de vendimia se concentra entre la mitad del mes de agosto y finales de octubre.

D.O. Cava surgió en respuesta a la plaga de la filoxera, un insecto que a finales del siglo XIX atacó miles de viñedos de toda Europa y que cambió drásticamente la manera de cuidar estas plantaciones. Esta entidad vela por la calidad y el prestigio de los productos con su Denominación de Origen. También realiza numerosas actividades y eventos, que van desde la organización de Webinars hasta las visitas guiadas y catas de sus bodegas. Algunos de los espacios de D.O. Cava donde se realiza enoturismo son las Bodegas Hispanosuizas, las Bodegas Muga, el Castell d’Age o la Finca ca n’Estella, entre otros muchos. En la visita de estas bodegas es posible obtener orientación sobre aspectos interesantes del vino blanco, que van desde su proceso de producción hasta las directrices que existen durante su consumo.

D.O. La Mancha (Castilla La Mancha)

La Mancha española ha sido reconocida como la región vitivinícola con mayor extensión de todo el mundo, gracias a su ubicación rural y a unas condiciones climáticas idóneas para el crecimiento de las viñas. Los vinos con esta Denominación de Origen proceden de una zona geográfica donde se da prioridad al espacio de cada planta, lo que se traduce en un bajo rendimiento por hectárea de terreno. Las uvas que se cultivan bajo este reconocimiento comparten se benefician de hasta 3.000 horas de sol al año, y son plantadas en entornos de suelos calizos situados a unos 700 metros de altitud.

Mapa de las Denominaciones de Origen en España (Cortado)
Fuente: foodswinesfromspain.com – Descargar Mapa completo (.pdf)

D.O. La Mancha está muy especializada en el cultivo de uva blanca, entre las cuales destacan las variedades Airén, Macabeo, Chardonnay o Sauvignon Blanc, entre muchas otras. Actualmente posee 264 bodegas en las que trabajan más de 20.000 viticultores. Entre sus rasgos distintivos se encuentra el hecho de que todos sus vinos maduran en barricas de roble. Algunas de las bodegas amparadas bajo este sello son la Bodega Altizia, la Bodega del Saz, la Bodega Finca Antigua, la Bodega Illana o las Bodegas Naranja, por citar solo unas pocas. Todas ellas admiten visitas guiadas y servicios de cata, en los que se habla al interesado sobre los rasgos que han convertido los vinos con D.O. La Mancha en un producto selecto.

D.O. Ribera del Duero (Castilla y León)

Se trata de una denominación surgida en los años 80 y ha crecido exponencialmente hasta la actualidad. Hoy en día comprende una zona de 115 km de longitud que atraviesa un centenar de poblaciones pertenecientes a Burgos, Segovia, Soria y Valladolid. Sus viñas se caracterizan por recibir una cantidad moderada de lluvia, así como por crecer bajo veranos secos e inviernos muy marcados que alcanzan unas temperaturas de hasta -18º. Los cultivos se encuentran a una altura de entre 750 y 850 metros respecto el nivel del mar, en suelos arcillosos, calizos y calcáreos.

Entre las modalidades de uva blanca que se generan en esta zona cabe destacar la Albillo, que está muy bien preparada para soportar la sequía. Las características de su vino son un tono amarillo intenso con reflejos dorados, una textura seca y un aroma a flores y a miel. Algunas de las bodegas que forman parte de D.O. Ribera del Duero son la Bodega Aalto, las Bodegas Neo, el Grupo Matarromera, los Hermanos Pérez Pascuas y las Bodegas Viña Vilano, entre muchas otras. Estos espacios forman parte de la conocida como «Milla de Oro», que agrupa algunas de las mejores bodegas y espacios vinícolas de todo el país.

D.O. Valdepeñas (Castilla La Mancha)

Se trata de uno de los reconocimientos de este tipo más antiguos que existen en España, y es que data ni más ni menos que del año 1932. Aunque su reglamento se ha ido modificando y actualizando con el paso de los años, siempre se ha permanecido fiel a sus principios y es una de las D.O. más conocidas y queridas del país. Su núcleo se encuentra en la población de Valdepeñas, desde la cual se extiende hasta cubrir una superficie de 29.000 hectáreas. De esta forma cubre gran parte de la submeseta sur que va desde Campo de Montiel hasta Campo de Calatrava, recorriendo una decena de municipios.

Los viñedos que comparten esta Denominación de Origen crecen a una altitud promedio de 700 metros, donde reciben unas 2.500 horas de luz al año y experimentan temperaturas de entre -10º y 40º. Las lluvias son escasas, aunque se concentran en breves periodos de tormenta durante la primavera. Los suelos de los cultivos son calizos y arcillosos, muy característicos por su color rojizo y amarillento. Los tipos de uva que se utilizan son esencialmente blancos, como es el caso de las variedades Airén, Macabeo, Chardonnay, Verdejo y Sauvignon Blanc.

Los vinos blancos que se producen en estas tierras suelen ser poco alcohólicos y ligeros en boca, con un toque afrutado y ligeramente ácido. La principal bodega de referencia es Félix Solís.

D.O. Valencia (Comunidad Valenciana)

Esta Denominación de Origen reúne una de las zonas de mayor producción de vinos del litoral Mediterráneo. Sus 13.000 hectáreas se extienden por las zonas de Alto Turia, Moscatel, Valentino, y Clariano, produciendo 650.000 hectolitros cada año. Sus 93 bodegas se diferencian de otras D.O. en el hecho de que son cooperativas, lo que les permite atender la producción de vino desde el viñedo hasta el proceso de embotellamiento y sin la ayuda de proveedores externos. Los terrenos están divididos a partes iguales en cosechas de uva tinta y uva blanca. Respecto a estas últimas, las variedades con mayor presencia son la Chardonnay, la Macabeo, la Malvasía, la Merseguera, la Moscatel y la Verdil, entre otras.

Los vinos blancos que se realizan en la zona comparten ciertas características, como es su aspecto brillante o con un color prácticamente transparente, aunque en algunos casos pueden tomar amarillos pálidos o incluso ligeramente verdosos. Suelen ser vinos con mucha personalidad y un marcado deje afrutado. Algunas de las bodegas que forman parte de esta D.O son las Bodegas La Viña Cooperativa Vinícola, la Baronía de Turís Cooperativa Vinícola, las Bodegas Bataller SA, las Bodegas Valsangiacomo y la Enológica Oleana CB, entre otras.

D.O. Rueda (Castilla y León)

Una de las pocas D.O. que surgió en torno a la reivindicación de una uva exclusiva y autóctona de la región: la uva blanca Verdejo. Este reconocimiento surgió en 1980 para reconocer el trabajo producción de los vinos blancos, aunque en el año 2008 se decidió incluir en esta denominación al resto de vinos tintos y rosados que habían empezado a fabricarse. En la actualidad los viñedos de D.O. Rueda ocupan más de 9.000 hectáreas, 7.000 de las cuales están destinadas a su uva blanca predilecta, la Verdejo. Además, existen planes para seguir ampliando el terreno de viñedos durante los próximos años.

Mapa de las Denominaciones de Origen en España (Cortado)
Fuente: foodswinesfromspain.com – Descargar Mapa completo (.pdf)

La zona de los cultivos está bastante dispersa, aunque tiene una mayor concentración en las zonas de La Seca, Rueda y Serrada. El suelo es de tipo cascajoso o pedregoso y se encuentra a una altitud de entre 700 y 800 metros sobre el nivel del mar. En estas zonas los inviernos son bastante extensos y acusados, compensados apenas por primaveras breves de temperaturas suaves y veranos muy secos. Esta característica hace que las cepas utilizadas hayan desarrollado la capacidad de acceder al agua que queda más escondida en el subsuelo. Finalmente, cabe mencionar que la maduración tardía de la uva la adapta a un entorno con más de 2.600 horas de sol directo al año.

Los vinos que lanza al mercado se caracterizan por una fase de fermentación hecha en barrica, que aporta matices avainillados y tostados. Estos suelen combinarse con la complejidad de aromas propios de la uva Verdejo, que deja un aroma frutal y que evoca al heno.

D.O. Cariñena (Aragón)

La Estación Enológica de Cariñena tuvo el privilegio de fundarse en paralelo a la aparición de las propias Denominaciones de Origen en España, ni más ni menos que en el año 1932. La entidad empezó a ser realmente reconocida a partir de los años 80, momento en que realizaron una importante inversión en nuevos métodos y tecnologías enológicas. Sus viñedos se extienden por toda la comarca del Campo de Cariñena, cuya privilegiada situación la coloca en pleno cauce del río Ebro. La mayoría de sus terrenos se encuentran a unos 400 metros de altitud y se alimentan de suelos pedregosos con mucha cal y pocas sustancias fértiles. Estos cultivos de uva blanca afrontan cambios intensos de temperaturas entre el día y la noche y entre el invierno y el verano, además de estar sujetos a un clima muy seco con vientos fríos.

Este entorno hace que proliferen sólo las modalidades de uva blanca más resistentes, como es el caso de la Viura, la Moscatel Romano y la Parellada. Tras el proceso de producción, esta materia prima da lugar a vinos blancos muy sutiles y dulces que dejan entrever los aromas frutales.

D.O. Cataluña (Cataluña)

La Denominación de Origen Catalunya es la mayor reunión de productores de vino de la comarca, de entre las 11 D.O. que existen en este territorio. El reconocimiento en cuestión identifica aquellos productos con una calidad superior, en gran parte gracias al hecho de que sus cultivos y fases de producción se encuentran en constante valoración y mejora. El distintivo incluye 42.000 hectáreas de viñedos con capacidad para generar hasta 60.000 botellas de vino al año. En total, esto supone hasta el 50% de la producción catalana.

D.O. Cataluña se declara como una gran exportadora de vino, algo que es posible gracias a la reputación que se ha ganado en toda Europa. Para ello trabaja con 19 variedades de uva, 17 de las cuales pertenecen a uva blanca: las más importantes son la Albarinho, la Chenin, la Chardonnay, la Pedro Ximénez y la Garnacha blanca. Este carácter internacional ha hecho que sea una de las organizaciones más mediáticas y activas: frecuentemente está a cargo de numerosas conferencias y premios que pretenden difundir la gran cultura del vino catalán. También patrocina una gran variedad de conciertos, festivales y otros actos culturales, donde a menudo es posible probar los productos de la compañía. Entre sus principales países de exportación se encuentran Reino Unido, Alemania y Países Bajos. Junto a otros países secundarios, D.O. Cataluña comercializa anualmente más de 19,9 millones de botellas

En lo que respecta a sus viñedos, estos crecen bajo una temperatura media de 14º y con una lluvia que oscila entre media y abundante. Las 2.500 horas de sol al año garantizan el crecimiento óptimo de la uva. Algunas de las 226 bodegas que forman parte de esta organización son Agrícola Sant Vicenç SL, Car Vinícolas Reunidas SA o Unió Corporació Alimentària SCCL, entre muchas otras.

D.O. Navarra (Navarra)

La peculiaridad de los vinos amparados por el reconocimiento D.O. Navarra es que se encuentran en una zona donde confluyen los diferentes climas de la península. Esto implica que la cercanía del Mar Cantábrico aporta temperaturas suaves, que se ven contrarrestadas por los vientos fríos y frecuentes de los Pirineos y el entorno tranquilo del Valle del Ebro. Sus viñedos se asientan en algunas laderas, pero también en mesetas y zonas adyacentes al río. Esta gran variedad geográfica ha hecho necesario diferenciar 5 zonas independientes de producción, cuyos vinos resultantes tienen características bastante dispares. Se trata de los territorios conocidos como Baja Montaña, Valdizarbe, Tierra Estella, Ribera Alta y Ribera Baja.

Aunque apenas una pequeña parte de su producción se basa en uvas blancas, estas destacan por su calidad. Algunos ejemplos de las que cuentan con mayor presencia son las variedades Chardonnay, Malvasía, Garnacha Blanca o Viura, entre otras. La complejidad y variedad de los viñedos hace que cada vino blanco de D.O. Navarra sea distinto, aunque muchos de ellos comparten los aromas suaves y con recuerdos afrutados. Las principales bodegas que forman parte de esta organización son Pago de Larrainzar y Masaveu Bodegas.

Capítulo 2

Variedades de uva blanca

Las uvas blancas son la materia prima a partir de la cual se fabrica el delicioso vino blanco. Conocer cómo maduran los viñedos, a qué condiciones climáticas y geográficas se enfrentan y qué aromas contienen nos aporta un importante conocimiento, que podemos aplicar a la hora de escoger un vino blanco en el punto de venta. De esta forma, y valorando el tipo de uva que ha sido utilizado en cada producto, podemos hacernos una idea del sabor y olor que tendrá, de si nos gustará y de si será un maridaje apropiado para aquello que tenemos en mente.

En este segundo capítulo vamos a describir las características de algunas de las uvas blancas de utilización más frecuente. Cuando termines la lectura, por lo tanto, serás capaz de reconocer las principales uvas blancas que existen y qué propiedades organolépticas añaden durante la producción del vino.

Uva Airén

Se trata de la uva blanca que cuenta con más hectáreas de viñedos en todo el planeta y, por lo tanto, también una de las más conocidas y empleadas. En España se concentra en la zona de Castilla La Mancha, donde utiliza más de 200.000 hectáreas de terreno. En algunos casos esta uva también recibe otros nombres, como es el caso de Valdepeñera o Manchega. En aspecto sus racimos son más bien grandes, con frutos medianos y de un color verde amarillento. Su pulpa es prácticamente transparente, muy blanda y de aspecto jugoso. Los tiempos de crecimiento y maduración de las cepas son tardíos.

Esta uva se adapta bien al clima seco y a los suelos pobre en recursos fértiles, además de ser muy resistente a diferentes tipos de insectos y plagas. Una vez convertida en vino, da lugar a productos de un color amarillo tenue que, en el caso de los vinos blancos de gran calidad, llega a conservar unos bonitos destellos de tono verdoso. Su aroma es ligero y medianamente afrutado, con recuerdos a la hierba, el plátano y al pomelo. Suelen tener poca acidez y una graduación alcohólica elevada.

Uva Albariño

Una uva blanca tradicional de Galicia y muy utilizada también en Portugal, donde recibe el nombre de Alvarinho. Es mucho más empleada para crear vinos de mezcla que vinos puros, tiene una maduración tardía y un buen índice de fertilidad, siempre y cuando cuente con suelos frescos y con una buena cantidad de nutrientes.

Albariño en parras en Pazo de Señorans
por Todovino

A diferencia de lo que sucede con otros vinos, en este caso existe un nombre propio al que se le atribuye su invención: se trata de Jesús Requena. Este Ministro de Agricultura y enólogo fue quien inició las plantaciones y producciones de Albariño en la década de los 70. Respecto a las propiedades del producto final, la uva blanca en cuestión genera vinos muy ácidos y altamente alcohólicos, con un amplio abanico de aromas que combinan lo frutal con lo floral. Tiene una textura densa y dulzona en boca y goza de gran renombre en el norte de España. Suele dar como resultado vinos jóvenes, con algunas cosechas específicas criadas en barrica.

Uva Albillo

Una uva que empezó a cultivarse en Castilla y León, y que tiene la peculiaridad de dar lugar a dos tipos diferentes de cepas conocidas como Mayor y Real. En algunos lugares también reciben el nombre de uvas Torrontes y se caracterizan por racimos bastante pequeños y compactos. Esto provoca que la separación de la baya respecto al racimo sea más complicada de lo normal. El fruto es más bien pequeño y de un color verde amarillento, con una pulpa translúcida y muy jugosa. Su temprana maduración las convierte en un cultivo muy sensible a la época de heladas, que debe recogerse poco a poco a lo largo de los meses.

En lo que respecta al vino blanco que produce, la uva Albillo se reconoce por dejar un regusto amargo con una ligera acidez. Su cuerpo es denso en boca debido a los matices marcadamente afrutados y dulces. Su aspecto es ligeramente amarillo con ocasionales reflejos verdes.

Uva Cayetana

Estos viñedos se concentran básicamente en la comarca de Badajoz, aunque también es posible encontrarlos en menor medida en las zonas de Cáceres y Huelva. En algunos casos también se la conoce como Jaen Blanco, o simplemente como Jaen. Es una uva con maduración abundante y temprana, aunque el proceso de prensado da lugar a una cantidad de mosto pequeña o moderada como consecuencia de su piel gruesa. Tiene la peculiaridad de que a menudo crece en forma de doble racimo, donde la baya más bien pequeña es de un tono amarillento con pequeños puntos. Es bastante resistente a la sequía y su extenso ciclo de maduración desplaza la época de la vendimia hasta mitad del mes de septiembre. Su pulpa transparente contiene una cantidad abundante de pepitas.

La uva Cayetana da lugar a vinos jóvenes que se aconseja consumir rápidamente, con aromas muy marcados y que recuerdan a frutas como el plátano y la manzana. La sensación que dejan en boca es especialmente fresca.

Uva Chardonnay

Originaria de la Borgoña francesa, esta uva blanca se ha extendido prácticamente por todo el planeta. Tal es así que ha recibido diferentes nombres en función del país: en Austria es conocida como Feinburgunder y en Bulgaria como Pino shardone, otras otras variaciones. Su mayor producción se concentra en Francia, España e Italia, que comparten climas similares y propicios para su crecimiento. Se calcula que la extensión de cultivos de Chardonnay en todo el mundo supera las 160.000 hectáreas.

Foto: Jason Leung (Unsplash)

Su racimo es bastante compacto y da lugar a bayas pequeñas y lisas de un tono amarillo verdoso. Es sencillo separar el fruto del racimo y este cuenta con una pulpa blanda y jugosa. Esta modalidad tiene un tiempo de crecimiento rápido, y se adapta bien a diferentes tipos de suelos y climas poco húmedos. Permite obtener una cantidad de mosto reducida pero de muy buena calidad.

El vino blanco que produce varía considerablemente en función de los niveles de maduración de la uva. Por lo general suele tener una acidez moderada, un cuerpo denso y aromas que oscilan entre los recuerdos frutales de la manzana o la naranja, y los sabores caseros de la mantequilla y la vainilla.

Uva Garnacha Blanca

Se trata de una uva menos conocida que variedades similares como la Airen, pero que se diferencia de esta en su gran adaptabilidad a entornos con altas temperaturas. Como curiosidad es importante saber que se trata de una alteración de una uva tinta, con la que comparte prácticamente todas las características excepto el color. Su cultivo se centra sobretodo en Francia en el norte de España, donde se cultiva bajo diferentes Denominaciones de Origen. Algunas de ellas son la D.O. Cariñena, la D.O. Navarra o la D.O. Priorat.

Los racimos de Garnacha blanca son pequeños o medianos, con unas bayas de tamaño medio y un aspecto algo más ovalado de lo habitual. Tienen un ciclo de crecimiento corto con una brotación temprana. Resultan resistentes a la sequía, y son compatibles con suelos poco fértiles y con las corrientes de viento. Los vinos que produce esta uva blanca destacan por una elevada concentración de alcohol y altos niveles de acidez, así como por un cuerpo ligero que permanece poco tiempo en boca. Su color es amarillo o verdoso y sus aromas evocan notas florales, que se combinan con recuerdos frutales y dejes herbáceos.

Uva Godello

El cultivo se centra en Galicia, donde está reconocida bajo la D.O. Valdeorras y Bierzo. Su racimo se caracteriza por ser pequeño y muy compacto, así como por dar lugar a una baya de un ligero color amarillo o verdoso. Estos viñedos crecen sin problemas en entornos secos. Muchos comparan esta uva blanca con la modalidad Albariño, con la que comparte ciertas similitudes.

La uva Godello suele envejecerse en barrica de madera, donde obtiene una gran cantidad de sutiles matices. Entre ellos destacan el recuerdo a la manzana, las flores y la hierba, aunque también es posible apreciar un toque mineral. Su baja graduación alcohólica rara vez supera los 13º y contiene una acidez moderada. El vino de esta uva se considera una bebida muy equilibrada, donde todos los sabors y aromas se complementan y ninguna destaca por encima del resto.

Uva Loureira

Crece especialmente fuerte en los bordes del río Limia, tanto en las zonas de Rias Baixas y Ribera Sacra (Galicia) como en las regiones portuguesas adyacentes, donde se la conoce por nombres como Marqués o Dourada. Su racimo es algo más alargado de lo habitual y tolera especialmente bien los entornos húmedos, aunque requiere ciertos cuidados frente a las plagas del mildiu, el oídio y la botrytis. Su baya es pequeña y ofrece una tonalidad amarilla verdosa. Es algo complicada de separar del racimo, además de contar con una piel gruesa y una pulpa jugosa.

En la producción de vino, la uva Loureira da lugar a productos ligeros, con bajo contenido en alcohol y una acidez media o alta. Produce líquidos de aspecto verdoso con aromas intensos y complejos, entre los cuales destaca el frescor de los cítricos y la delicadeza de las hierbas aromáticas.

Uva Macabeo

La producción de uva Macabeo no ha dejado de aumentar en los últimos años, hasta el punto de que actualmente tiene presencia en prácticamente toda España. En zonas como La Rioja la conocen bajo el nombre de Viura. Se caracteriza por racimos especialmente grandes y compactos, con bayas de buen tamaño y forma muy limpia y redondeada. Tiene un ciclo de crecimiento y maduración largos, aunque también cuenta con una gran fertilidad y rendimiento de producción. Es sensible a las corrientes de viento y a las condiciones climáticas extremas, por lo que requiere entornos que no sean demasiados secos ni demasiado húmedos.

El esmero puesto en su cultivo y el momento de recogida influyen enormemente en el vino resultante, por lo que se la conoce como una variedad de uva polivalente. Aunque el producto final puede presentar numerosas variaciones, por lo general se trata de vinos blancos con poco cuerpo y un buen equilibrio entre los niveles de azúcar y acidez. Su aroma combina recuerdos florales y frutales, lo que lo convierte en una buena opción para la mezcla con otros tipos de uva. Ofrece buenas características para la crianza en barrica, aunque la mayoría de vinos que se producen con ella son jóvenes.

Uva Malvasía

Se trata de una de las uvas que lleva más tiempo cosechándose en España y Portugal. Sin embargo, su alta sensibilidad a las plagas de los cultivos ha hecho que su producción se reduzca progresivamente, y que muchas bodegas prefieran centrarse en variedades más resistentes. Esto la ha convertido en una variedad bastante cara, exclusiva y valorada. El país con mayor producción actual es Italia.

La uva Malvasía tiene un racimo mediano y disperso, muy proclive a la podredumbre ante condiciones de sequedad o humedad excesivas. Su vid es bastante delicada y ofrece bajos niveles de productividad. El vino blanco que produce se caracteriza por aromas vivos e intensos, muy dulzones y con una elevada graduación alcohólica. El líquido tiene una tonalidad verdosa con reflejos dorados. Es poco frecuente encontrar vinos fabricados íntegramente con esta uva, por lo que son únicos y muy queridos. Su consumo está recomendado en el acompañamiento de postres y de pescados blancos.

Uva Moscatel

Es una uva muy polifacética, lo que la ha llevado a ser una de las más utilizadas tanto en vino como en la producción de pasas. Aunque son originarias del continente africano, hoy en día su cultivo y consumo se ha extendido por todo el planeta. Está especialmente preparada para desarrollarse en un clima mediterráneo, por lo que en España se cultiva especialmente en la Comunidad Valenciana, en Canarias y en Málaga. Tolera bien el viento y los suelos calizos y silícicos. Sus racimos son grandes pero desiguales y desordenados, en gran parte debido a que sus bayas crecen en tamaños diversos. Estas tienden a una forma ovalada y maduran en tiempos dispares, generalmente tardíos.

Uva Moscatel
Foto: Jean-Marc Rosier (Wikimedia)

El vino blanco resultante de la uva Moscatel es complejo y lleno de matices, con un sabor amoscatelado y elegante. Su aroma es fuerte y marcadamente floral, lo que le permite dejar una sensación duradera en boca. También es muy consumida como uva de mesa, en cuyo formato resulta una fruta dulce y de pulpa consistente.

Uva Palomino

El origen de la uva Palomina se remonta al siglo XVI, momento en que el ejército de Flandes la trajo a la Península. Hoy en día se mantiene con un cultivo abundante, que se centra sobretodo en la comarca andaluza. Su racimo es grande y considerablemente compacto, con bayas de tamaño desiguales de tamaño pequeño o mediano. Su forma es bastante redondeada y resulta algo complicado extraer el fruto de su racimo. Es susceptible a los fuertes vientos pero muy resistente a la sequía y el calor. Prolifera adecuadamente en suelos de tipo calizo. Su periodo de crecimiento tiene una duración media y los viñedos resultan algo complejos de podar.

Esta variedad de uva permite crear un vino blanco de graduación alcohólica intermedia, con un color amarillo muy sutil y aromas marcadamente herbáceos. Posee una acidez reducida, y sus cualidades organolépticas evocan recuerdos de almendra, avellana y sal.

Uva Parellada

Con una larga tradición en el Penedés catalán, esta variedad de uva es considerada fina y elegante. También recibe muchos otros nombres, como por ejemplo Montonec, Montañesa o Verda Grossa. Sus racimos son uno de los más grandes que se cultivan en la zona: se caracterizan por un aspecto compacto y firme y unas bayas muy homogéneas y redondeadas. Su pulpa también es ligeramente distinta a la de muchas otras uvas blancas, ya que presenta un marcado tono verde y una mayor consistencia. Su maduración es tardía y genera una elevada productividad, aunque la vid debe atenderse frente a enfermedades como el mildiu y la podredumbre.

La uva Parellada da lugar a vinos blancos con una notable acidez y un aspecto brillante. Sus aromas combinan a partes iguales los toques florales y frutales, siendo estos últimos de tipo marcadamente cítrico. Es denso y persiste un tiempo en boca gracias a su carácter fresco.

Uva Pedro Ximénez

Una vid muy querida por su elevada resistencia a la sequía, se cultiva en grandes cantidades en Andalucía y Valencia. Sus racimos muy grandes y moderadamente compactos ofrecen ciertas dificultades en la separación del fruto. Las bayas son de un color verde amarillento con una pulpa transparente, aunque esta adopta valores marrones cuando el fruto está muy maduro. La pulpa es abundante y jugosa, lo que permite obtener una buena cantidad de mosto durante las fases de producción. Resiste bien las temperaturas bajas y las corrientes de aire, aunque debe tratarse frente algunas plagas como el mildiu y la Botrytis.

La uva Pedro Ximénez es muy dulzona, lo que se traduce en vinos muy azucarados y con una alta graduación alcohólica, que puede alcanzar fácilmente los 32º. Se trata de vinos secos con acidez baja, con una densidad notable y complejos matices frutales y florales.

Uva Riesling

Los primeros viñedos son originario de la cuenca del río Rhin, en Alemania. Hoy en día tiene presencia en prácticamente toda Europa, aunque sigue siendo predominante en tierras germanas y francesas. Es muy querida por su capacidad para prosperar en terrenos pobres y rocosos, así como en zonas frías e incluso con heladas frecuentes. Aunque no es una uva especialmente valorada por el público general, los enólogos y profesionales del sector reconocen el mérito de su cultivo y tratamiento.

Viñedo alemán en las riberas del río Mosela
Foto: Areks (Wikimedia)

Sus racimos son más bien pequeños, compactos y simétricos, con bayas difíciles de desprender. Estas tienen un tamaño reducido y un leve color verdoso con puntos marrones, que se intensifica progresivamente durante su maduración. La pulpa carece de color y es muy blanda y jugosa, lo que permite extraer una gran cantidad de mosto durante su prensado. Como curiosidad, las cepas crecen verticales pero a menudo deben tumbarse antes de la recolección, debido a la alta producción y al elevado peso que llega a soportar la vid.

El vino blanco resultante de la uva Riesling suele ser joven y evoca una gran cantidad de aromas frutales, entre los que destaca la manzana verde y la lima. Los vinos más envejecidos toman notas de miel y pan. En ambos casos son líquidos muy equilibrados, ligeros y poco ácidos, con un buen cuerpo y sensaciones de frescor.

Uva Sauvignon Blanc

Una variedad de origen francés que aún se cultiva en grandes cantidades en Francia, pero también en Chile y California. Su producción en España se recoge bajo las Denominaciones de Origen Rueda y Penedés. Los racimos son pequeños y compactos, con bayas de aspecto dispar que se presionan entre ellas. Son marcadamente verdes y se separan fácilmente del racimo. Su pulpa es transparente y posee una notable consistencia. Tiene facilidad para crecer en suelos secos y pocos fértiles, así como a entornos fríos, aunque es sensible al viento y a una gran variedad de enfermedades de los cultivos. Su baja fertilidad obliga a realizar podas largas y frecuentes.

Viñedo/Vineyard en Las Bachilleras, Ciudad Real
Foto: David Carrero Fernández-Baillo (Wikimedia)

La uva Sauvignon Blanc da lugar a un vino blanco elegante, con sabores muy equilibrados y poco envejecidos. Sus toques frutales recuerdan a la piña, el limón y el melón verde, mientras que los aromas florales hacen pensar en los azahares y las rosas blancas. Su fondo también recuerda al pasto, al perejil y a las aceitunas verdes.

Uva Torrontés

Una uva autóctona de Galicia cuyo empleo más frecuente es a modo de mezcla con otras variedades, siendo poco frecuentes los vinos que la utilizan de forma exclusiva. Su pronta brotación y ciclo de maduración corto la hace especialmente delicada frente a las heladas, aunque cada vid ofrece una alta productividad de la baya. Crece fácilmente en suelos lisos fértiles, además de en entornos ligeramente húmedos.

La uva blanca Torrontés produce vinos de graduación alcohólica baja, con potentes y complejos aromas tanto frutales como frutales. También es posible detectar notas de heno. Su nivel de acidez es moderado y el cuerpo en boca es ligero, dejando apenas un suave gusto amargo. Al utilizarse en combinación con otras uvas, su papel es el de aportar complejidad e intensidad al aroma de otras variedades.

Uva Treixadura

Se trata de otra de las uvas blancas con gran presencia en Galicia y Portugal, y cada año genera una gran cantidad de vinos bajo la Denominación de Origen Ribeiro. También se la denomina Trajadura o Trincadeira, entre otros nombres. Sus racimos son grandes y poseen una forma alargada, donde las bayas crecen de forma compacta y desigual. Estas tienen un aspecto elíptico y una piel verdosa bastante gruesa, bajo la cual se encuentra una pulpa transparente y blanda. Su maduración tardía hace que sea recomendable su plantación en las laderas más orientadas a la luz solar directa. Para crecer correctamente, necesita suelos hidratados y con un buen drenaje.

El vino blanco resultante de esta uva es fino y elegante, con toques flores y frutales que se realzan gracias a un fondo de aroma balsámico. Su acidez no es excesiva y ofrece un buen equilibrio de aromas, que le dan una densidad interesante en boca y un aire fresco.

Uva Verdejo

La uva blanca Verdejo es conocida por la gran cantidad de vinos puros y sin mezcla que se realizan con ella. Muchos de sus viñedos en España están amparados bajo la D.O. Rueda, debido a que se cultivan en las orillas del río Duero en su paso por el centro de la Península. Sus racimos son pequeños o medianos, con bayas reducidas y muy redondeadas. En su proceso de producción hay que tener en cuenta que posee una cantidad elevada de grandes pepitas. Es una uva capaz de adaptarse incluso a suelos secos y pedregosos, que puede podarse en periodos cortos y rápidos.

El vino blanco resultante de esta materia prima es medianamente alcohólico y con una acidez entre media y alta. Su sabor es suave y deja un regusto amargo en boca, con aromas muy marcados a hierbas y flores blancas. Se utiliza mayormente para la fabricación de vinos jóvenes, aunque admite bien las largas fermentaciones en barrica.

Uva Viognier

Una uva de origen francés que apenas ha empezado a tomar importancia en nuestro país, pero que ya se ha expandido notablemente en zonas como Austria o Grecia, entre otras. Es la variedad blanca de una uva que tradicionalmente ha sido tinta y posee un racimo compacto y reducido, con bayas pequeñas, homogéneas y esféricas. Su maduración y brotación son tempranas y se adapta bien a climas cálidos y húmedos, aunque requiere suelos profundos y pocos fértiles. Es más resistente a las enfermedades de los cultivos que la mayoría de uvas blancas, aunque soporta mal las heladas y el viento.

Los vinos de uva Viognier destacan por sus aromas intensos, donde es fácilmente identificable el recuerdo del albaricoque y del melocotón. Son vinos con escasa acidez y una carga alcohólica moderada, así como con elevados niveles de azúcar. El líquido es de un interesante color dorado y su textura en boca es suave.

Uva Zalema

Su origen se encuentra en la provincia de Huelva, donde aún se encuentra la mayor parte de su producción. Su fertilidad es elevada, pudiendo llegar a albergar hasta 2.5000 cepas en una sola hectárea de terreno. En algunos casos también se la denomina uva Zalemo.

Sus racimos tienden a ser grandes, compactos y homogéneos, con uvas esféricas de tono amarillento. La pulpa es transparente y de sabor amargo. La vid crece fácilmente en suelos pobres y secos, aunque es bastante sensible a enfermedades como el mildiu y la brotitis. El vino blanco que produce la uva Zalema es bastante amargo y ácido, con un color escaso y una graduación alcohólica bastante reducida. Suelen ser vinos jóvenes y que ofrecen una buena densidad en boca.

Capítulo 3

Características del vino blanco

Tras algún tiempo tomando vino, es fácil identificar si preferimos el vino blanco o el vino tinto y en qué ocasiones nos decantamos por cada uno de ellos. Sin embargo, es importante conocer la teoría que diferencia ambas variedades y las características que convierten al vino blanco en algo único.

A lo largo de este tercer capítulo hablaremos de las características organolépticas del vino blanco y ahondaremos en sus propiedades y beneficios. También comentaremos las condiciones de temperatura en que debe tomarse, así como los métodos de conservación más recomendados. También hablaremos sobre su maridaje, de manera que al terminar el capítulo seas capaz de decidir cómo y cuándo degustar una botella de vino blanco.

Diferencias con el vino tinto

La diferencia más evidente es el color de la uva y, en consecuencia, el color del vino resultante. Pero existen diferencias más profundas en torno a los sabores, aromas y propiedades del vino tinto respecto a las del vino blanco. Dichas diferencias influyen completamente en los momentos y formas de consumo de cada uno de ellos, por lo que es importante conocerlas antes de hacer una elección.

Foto: Kelsey Chance (Unsplash)

Uno de los aspectos que juega un papel decisivo a la hora de marcar la diferenciación entre ambos tipos de vino es su proceso de macerado. En el caso de los vinos tintos ente suele realizarse en un entorno de entre 24º y 30º, mientras que los vinos blancos requieren una temperatura de entre 17º y 19º. Esto influye notablemente en el carácter final del vino, así como en las notas y aromas que desarrollará.

Por otra parte, los vinos blancos tienden a ser bastante más ácidos que los vinos tintos. Este se debe a que los primeros contienen un menor porcentaje de taninos maduros, una sustancia natural responsable de aportar los rasgos amargos y de dar mayor complejidad y textura. Así pues, los taninos verdes o menos maduros presentes en las uvas blancas dan como resultado un producto más áspero.

Finalmente, debes saber que la recolección de la uva blanca se hace en un nivel de madurez inferior al de la uva tinta, lo que también condiciona que los vinos blancos sean generalmente más sutiles y ligeros. Esto afecta incluso a parámetros como la cantidad de calorías o la graduación alcohólica, que tiende a ser superior en las variedades tintas.

Color, aroma y sabor

El vino blanco engloba una inmensa cantidad de productos que presentan diferencias de color, aroma y sabor entre ellos. Sin embargo, es posible establecer unos parámetros más o menos genéricos mediante los que identificar claramente un vino de esta modalidad.

El color del vino blanco es su elemento más característico, aunque rara vez se trata de un tono realmente blanco. Más bien al contrario, estos líquidos cuentan con tonalidades que van desde el amarillo pálido hasta el dorado intenso, pasando por el amarillo verdoso o el verde lima. Los productos con tonos suaves y que incluyen intensos reflejos suelen ser los mejor valorados, tanto por el público general como por el especializado.

El aroma del vino blanco cambia notablemente incluso entre diferentes botellas de una misma cosecha. Al hablar de su olor es necesario tener en cuenta que estos se clasifican en tres niveles distintos, en función del momento de la cata y de la intensidad con la que los percibimos: se trata de los aromas primarios, secundarios y terciarios. Los enólogos llevan décadas tratando de concretar los aromas que los vinos blancos generan en cada etapa, aunque eso no implica que no existan productos con algún matiz diferente.

Foto: Rafael Barquero (Unsplash)

Por lo general, los vinos blancos evocan recuerdos de la avellana, la mantequilla, la manzanilla, la menta, la manzana, el jazmín, el moscatel y la miel como parte de sus aromas primarios. En sus aromas secundarios es posible detectar rastros de su fermentación, por lo que nos suelen recordar al pan, a las galletas, a la mantequilla, al queso fresco o incluso al caramelo, entre otras sensaciones. Finalmente, los aromas terciarios son las notas más florales y frutales, que suelen estar asociadas al brezo y al albaricoque, pero también a cera de abeja, al cedro, al roble, al pino o a la vainilla.

Por último, el sabor del vino blanco tiende a ser ligero y dulzón. Posee notas ligeramente ácidas y fuertes recuerdos a frutas como la manzana y el limón. Los vinos blancos que han sido fermentados en barrica adquieren un sabor algo más intenso y amaderado.

Propiedades del vino blanco

A lo largo de la historia el vino blanco se ha utilizado para hidratarse, para maridar los alimentos y a modo de divertimento debido a sus propiedades alcohólicas. Pero muy pronto se empezaron a valorar también sus propiedades y beneficios, hasta el punto de que en la Antigua Grecia el vino era recetado por los médicos como remedio para diferentes enfermedades. Hoy en día contamos con numerosos estudios sobre esta bebida, y sabemos a ciencia cierta que el vino blanco es beneficioso para nuestra salud en muchos aspectos.

Entre las propiedades más conocidas se encuentra el efecto antioxidante. Esto se debe a que el mosto concentra una gran cantidad de elementos antioxidantes, en una proporción sólo comparable a la del mundialmente utilizado aceite de oliva. También es muy conocido y valorado el hecho de que ayuda a nuestro corazón, reduciendo las probabilidades de coagulación de la sangre y mejorando el rendimiento del sistema cardíaco. En personas diabéticas, además, el vino blanco reduce el riesgo cardiometabólico y la posibilidad de sufrir episodios graves.

Otra gran propiedad del vino blanco es su capacidad para prevenir enfermedades pulmonares, algo que es posible gracias a la presencia de resveratrol. Esta sustancia natural de las plantas es muy utilizada en el tratamiento tanto de lesiones como de enfermedades patógenas. El vino blanco también posee altas dosis de ácido fenólico, cuya función es la de reducir el deterioro del cerebro y de las enfermedades degenerativas derivadas de este, como es el caso del alzheimer. Finalmente, los estudios como el de la Universidad de Leicester demuestran que los elementos antioxidantes de este producto frenan el envejecimiento de las células, reduciendo con ello el avance de enfermedades tales como el cáncer de colon.

Para mayor información acerca de sus valores nutricionales, incluimos a continuación una tabla nutricional genérica para el vino blanco:

Composicióng/100g
Calorías61
Carbohidratos0,1
Proteínas0,1
Fibra0
Grasas0
Composición: gramos por 100 gramos
Composiciónmg/100g
Sodio2
Calcio9
Hierro0,6
Magnesio0
Fósforo15
Potasio82
Vitaminas0,14
Composicón: miligramos por 100 gramos

Temperatura del vino blanco

La temperatura del vino blanco es un aspecto importante, tanto a lo largo de su proceso de producción como en su posterior almacenamiento y consumo. De hecho, las variaciones de temperatura del líquido alteran notablemente su sabor y aroma, lo que puede derivar en una mala experiencia de consumo y en un empobrecimiento del producto que has adquirido. A continuación te contamos la temperatura a la que debes mantener en cada momento tu botella de vino blanco.

Conservación del vino blanco

Incluso aunque en nuestros hogares no contemos con una bodega o lugar específico para las botellas de vino, es importante que las almacenemos en un lugar con una temperatura que respete las características organolépticas del producto. Además de perder su aroma y sabor propios, los cambios bruscos de temperatura reducen su intensidad y frescor, además de secarlo. En el peor de los casos, las temperaturas excesivas hacen que el corcho ceda y provocan que entre oxígeno en el vino, arruinándolo por completo.

Foto: Gabriele Strasky (Unsplash)

El vino blanco debe almacenarse en un lugar que se encuentre entre 15º y 20º, con una humedad nunca superior al 80%. Un porcentaje superior a este pueden provocar la aparición de moho y levaduras, especialmente en el corcho, y con ello la alteración completa del líquido.

Igualmente, las botellas con tapón de corcho se conservan en mejor estado al colocarlas en horizontal, de manera que el vino permanezca en contacto con este material. También se aconseja mantener el vino blanco alejado de la luz solar, especialmente si no va a ser consumido hasta dentro de un tiempo. A poder ser también se guardará en entornos libres de olores. Esto descarta los armarios cercanos a los fogones de la cocina, por ejemplo.

Consumo

Si hemos prestado atención a la temperatura del vino durante su periodo de almacenamiento en casa, no podemos descuidar este parámetro en el momento de servirlo y consumirlo. Los vinos blancos manifiestan al máximo sus cualidades organolépticas cuando se sirven a una temperatura de entre 7º y 12º, en función de la modalidad específica de la que se trate.

Si hablamos de un cava o champán la temperatura ideal son 7º, mientras que si tenemos entre manos un vino blanco dulce de estilo Moscatel lo ideal son 8º. Los vinos blancos jóvenes y con una textura seca deben tomarse a 10º, un grado por debajo de la temperatura recomendada para los vinos más voluptuosos, como es el caso del Manzanilla. Finalmente, se establece que lo ideal para los vinos blancos que han sido fermentados en barrica es servirlos a 12º.

Estas diferencias, aunque sutiles, permiten que cada producto saque a relucir todas las características y propiedades que adquirido durante el cuidado y largo proceso de producción en bodega.

Maridaje con vino blanco

El vino blanco es una bebida que funciona de forma excelente tanto por sí sola, como a modo de maridaje de una gran variedad de productos. A la hora de escoger el maridaje para una comida no hay nada definitivo, aunque siempre debería cumplirse la premisa de que el vino acompañe el sabor de los platos y los complemente. Así pues, debe evitarse que la intensidad y complejidad del vino blanco sean superiores a las que poseen los alimentos.

Esta variedad de vinos se caracteriza por sus tonos ácidos y frescos, lo que tradicionalmente se empareja con el consumo de pescado y marisco. De esta forma se consigue una harmonía entre la comida y la bebida, que en ambos casos cuenta con sabores suaves y ligeros. Esta misma ligereza, además, es la que lleva a escoger estos vinos durante aperitivos suaves de embutidos y quesos. Por otra parte, su carácter dulce también los hace adecuados para acompañar algunos tipos de postres y tartas. En todas estas situaciones nos encontramos con el que vino blanco apoya el sabor del plato que tenemos delante, combinando sus aromas poco complejos con alimentos de sabores poco intensos o agresivos.

Sin embargo, los vinos blancos también son un buen maridaje para algunas carnes. En este caso se recomienda centrarse en las carnes que igualmente mantienen un sabor tenue o ligero, como es el caso del pollo o las aves. Los vinos blancos más recomendados para la ocasión son los que contienen mayores notas cítricas y una mayor complejidad aromática, puesto que ofrecen un interesante contraste respecto a los sabores del plato. También es posible incluirlos junto al consumo de carnes rojas, pero debemos saber que entonces los aromas del vino se perciben con menor intensidad y complejidad respecto a los que tienen en realidad. Por lo tanto, esta combinación es poco recomendada para quienes desean oler y saborear correctamente las cualidades del vino blanco en cuestión.

Respecto al pescado y el marisco, no todas las variedades de vino blanco encajan con todos los platos. Los pescados con un sabor algo más intenso como es el caso de la lubina combinan a la perfección con los crianza. El intenso sabor del marisco, en cambio, es más apropiado para vinos blancos jóvenes. En algunos casos el vino blanco también es un buen acompañante para la pasta, aunque se debe prestar especial atención al tipo de salsa presente en el plato. Utilizaremos el vino blanco únicamente ante salsas o cremas suaves.

Capítulo 4

La copa de vino blanco

De la misma forma que la temperatura de conservación y consumo influyen en los aromas del vino, el recipiente en el que este se sirve tiene capacidad para ampliar sus características organolépticas, pero también para reducirlas. En este cuarto capítulo detallaremos cuál es la forma de la copa que está generalmente aceptada a la hora de tomar un vino blanco, así como los diferentes tipos de copas que existen actualmente en el mercado.

Cuando termines la lectura de este apartado conocerás todas las opciones de copas que hay disponibles. Además, serás capaz de escoger cuál es la más apropiada para consumir diferentes variedades de vino blanco y disfrutar al máximo de sus cualidades.

En qué copa se sirve el vino blanco

Aunque a continuación veremos que existen varias copas para vino blanco, por lo general todas ellas compartes unas características similares. El aspecto más notable radica en que el cuerpo o cáliz de la copa, que es ni más ni menos que el espacio destinado a contener el vino, es ligeramente más pequeño que el de las copas para vino tinto. Esta decisión fue tomada con el propósito de que los vinos blancos recibieran una menor cantidad de oxígeno del aire, así como para que conservaran mejor la baja temperatura a la que se sirven.

Las copas de vino blanco también son más estilizadas que las copas de vino tinto en lo que respecta a su pie, que es ligeramente más alto y delgado. Esto hace que el recipiente siga siendo ergonómico y que se mantenga bien proporcionado respecto al cuerpo algo más reducido. Todo ello, en definitiva, está pensado para que podamos mantener la mano que sujeta la copa bien separada del vino y que evitemos calentarlo.

Por otra parte, es interesante el hecho de que la boca o parte superior de la copa de vino blanco es más amplia que en las variedades tintas. La intencionalidad que se esconde tras ello es que las rasgos dulces del vino blanco se potencien, además de que se proyecten hacia nuestro olfato.

A la hora de servir el vino blanco siempre es importante dejar un espacio entre la parte superior del líquido y el borde de la copa. Esto deja margen suficiente para agitar el vino y esparcir sus notas aromáticas, además de para airearlo y activar todas sus propiedades organolépticas.

Tipos de copa para vino blanco

Actualmente existen 10 tipos de copas reconocidas en el mercado, aunque solo algunas de ellas están pensadas para el consumo de vino blanco. Más allá de las características generales que se comentaban en el apartado anterior, las diferentes variedades pretenden ahondar en lo que hace únicos a los distintos vinos blancos y potenciar aún más sus aromas y sabores. De esta forma, y mediante la combinación de una temperatura y una copa óptimas, cualquier profesional o aficionado puede catar un vino cuando este se encuentra en el mejor estado posible.

Tipos de Copas
por Yo Sommelier

Las copas para vino blanco que a continuación veremos en detalle son la copa Chardonnay, la Blanco seco, la Sauternes y la Flauta:

Copa Chardonnay

Es la utilizada para vinos blancos ligeros y afrutados, especialmente con aquellos que liberan todos sus aromas de golpe y con el primer sorbo. Esta característica hace que no sea necesario recurrir a un cáliz ni a una boca estrechas, cuya función es la de canalizar los aromas para que estos vayan saliendo poco a poco. A pesar de esto aún mantiene unas dimensiones inferiores a las de las copa de vino tinto, con el objetivo de que se concentre una menor cantidad de vino blanco y que el líquido no se caliente por encima de su temperatura óptima.

Por lo tanto la copa Chardonnay se caracteriza por ser la menos esbelta de las destinadas al vino blanco, con un cáliz y boca anchos y un tallo corto, que asegura una copa equilibrada pero aún permite mantener la mano alejada del vino. Es la más utilizada y presente hoy en día en nuestras viviendas, ya que también funciona muy bien con vinos blancos ligeramente ácidos y con los que han sido madurados en barrica.

Aunque apenas existen datos acerca del origen y evolución de los diferents tipos de copas, se cree que la copa Chardonnay supuso la base para el desarrollo de otros modelos más específicos. Esto se debe a su carácter genérico y polifacético, además de a su diseño chato. Sin duda alguna, este recuerda a los cuencos y copas bajas que se utilizaban en la Antigüedad para consumir todo tipo de bebidas y caldos.

Copa Blanco seco

Es la requerida ante aquellos vinos blancos secos, que presentan una mayor complejidad aromática y una elevada acidez. Es algo más estilizada que la copa Chardonnay en gran parte gracias a su tallo alto, aunque mantiene un cáliz de tamaño reducido. Se recomienda llenar su cuerpo por debajo de la mitad, con el fin de garantizar una buena oxigenación del líquido.

Sin embargo, y a diferencia del tipo de copa que veíamos anteriormente, en este caso su boca es bastante más cerrada. Esta decisión tiene un objetivo plenamente meditado, y es que para poder beber se hace necesario inclinar la cabeza hacia atrás. Al hacerlo el vino se desplaza directamente hacia la parte central de la lengua, que alberga las papilas gustativas encargadas de apreciar la acidez del producto con todos sus matices.

La combinación del cáliz medianamente ancho terminado en una boca más estrecha crea una especie de efecto chimenea, en el cual los aromas del vino blanco van subiendo poco a poco. Esto permite que sus cualidades organolépticas no se dispersen rápidamente, y hace que cada sorbo sea ligeramente distinto al anterior. La copa Blanco Seco también es apropiada para los vinos más duros y envejecidos, puesto que liberan olores y sensaciones complejos que es necesario degustar paulatinamente.

Copa Sauternes

Puede considerarse una versión reducida y más equilibrada de la copa Blanco Seco. Se encuentra a medio camino entre las copas generalistas, aptas para todos aquellos vinos blancos que comparten características similares; y las copas específicas, diseñadas por bodegas o marcas para el consumo concreto de sus especialidades. Su nombre homenajea al vino dulce de origen francés Sauternes.

Su forma única la hace imposible de confundir con otros tipos de copas, y es que sorprende especialmente por su fondo estrecho y ovalado. Desde su base, el cáliz sube con una forma abombada que alcanza su máxima anchura poco antes de llegar al borde superior, donde vuelve a reducir su contorno. Con todo, la amplitud de la boca es superior a la de la fina y curiosa base del cáliz.

Además de para los vinos franceses que llevan el mismo nombre, esta copa está recomendada para los vinos blancos que poseen un dulzor muy marcado. Su diseño está pensado para airear los matices del líquido y concentrarlos en su cáliz, para después percibirlos poco a poco con cada trago.

Copa Flauta

En este caso no se trata de una copa exclusiva para los vinos blancos, sino que está más orientada a todas las variedades de tipo espumoso. Es muy conocida por su utilización en cava y champán, así como por su forma marcadamente alta y estilizada. Su diseño estrecho con una boca cerrada es muy efectivo a la hora de conservar y distribuir el aire que contiene el vino de su interior. De hecho, a través del vidrio de la copa es posible ver el bonito espectáculo ofrecido por las burbujas.

La boca estrecha provoca que el gas del líquido vaya subiendo y disolviéndose poco a poco en el ambiente, a la vez que lo mantiene el tiempo suficiente en la bebida como para degustar con calma. Su forma también está pensada para concentrar al máximo los sabores, evitar que el vino se caliente y potenciar una textura suave y cremosa.

Capítulo 5

Tipos de vino blanco

Hoy en día existen cientos de vinos blancos. Algunos de ellos se producen con una única variedad de uva, mientras que otros son fruto de la experimentación y combinación de varias cepas. Un mismo viñedo o bodega tiene capacidad para cultivar varias especialidades. A esto, además, es necesario añadir el hecho de que el sector vinícola cada vez está más abierto a probar nuevos métodos y mezclas para alcanzar sabores distintos.

En este quinto apartado vamos a englobar esta gran variedad de opciones en diferentes grupos o tipos de vino blanco. Para hacer esta clasificación nos centraremos en su cantidad de azúcar y en su forma de elaboración, además de en otras características como si es afrutado, espumoso o ha sido ideado para cocinar. Al finalizar la lectura tendrás una visión más global sobre los vinos blancos que existen en el mercado, pudiendo entender los puntos que tienen en común los productos pertenecientes a un mismo grupo o categoría.

Según el azúcar

El azúcar es un componente que se encuentra de forma natural en las uvas. Durante el proceso de fermentación de los vinos blancos un porcentaje del azúcar que se encuentra en la materia prima se transforma en alcohol, mientras que otra porcentaje permanece en el líquido y es responsable de su característico sabor dulce.

Por ese motivo, una de las primeras preguntas que nos debemos hacer a la hora de adquirir un vino blanco es si queremos que sea seco, semiseco, semidulce o dulce. Este aspecto es determinante a la hora de escoger con qué platos combinarlo, a qué temperatura debe servirse y en qué tipo de copa se realizará la cata. A continuación detallamos las características de cada uno de estos tipos de vinos blancos en función de su cantidad de azúcar.

Vino blanco seco

Es el tipo de vino blanco que contiene una menor cantidad de azúcar en el producto final. Se consideran vinos secos aquellos que presentan menos de 5 gramos de azúcar por litro, lo que implica que durante la fermentación del mosto se ha permitido que prácticamente todo el azúcar de la uva se convierta en alcohol. Tal y como su propio nombre indica ofrecen una textura seca normalmente acompañada de un sabor fuerte, que pasa por la boca sin apenas dejar reminiscencias de su aroma. Algunos ejemplos son el Sauvignon Blanc y el Chardonnay.

Foto: Louis Hansel (Unsplash)

Los vinos blancos secos suelen ser más ligeros y menos melosos, con olores herbáceos y recuerdos de madera. Son adecuados para aperitivos ligeros y marisco, como por ejemplo una tabla de quesos y el sushi.

Vino blanco semiseco

Se caracteriza por una cantidad de azúcar de entre 5 y 15 gramos por litro. Comparte muchos rasgos con el vino blanco seco, con la diferencia de que resulta ligeramente más dulce y tiene cierta permanencia en boca. Estos líquidos empiezan a contener lo que se conoce como azúcar residual o, lo que es lo mismo, una parte de azúcar que no se ha convertido en alcohol durante el proceso de fermentación del mosto. Algunos ejemplos son el Tempranillo y el Albariño.

Los vinos blancos semisecos mantienen gran parte de la ligereza y de los aromas que distinguen a los vinos secos, por lo que también son igualmente recomendados en el caso de aperitivos y mariscos.

Vino blanco semidulce

Se caracteriza por tener elevados porcentajes de azúcar residual, que oscila entre los 30 y los 50 gramos en cada litro de vino blanco. Su textura es mucho más suave que en los vinos secos y semisecos, lo que se traduce en una buena permanencia de los aromas en boca. Cuentan con unas cualidades organolépticas más complejas y su cata evoca ligeros recuerdos herbáceos y amaderados, que se complementan con otras intensas notas frutales y florales. Algunos ejemplos son el Rueda y el Arinzano.

Los vinos blancos semidulces se recomiendan para platos principales de pescado y marisco, aunque también como acompañamiento de algunas carnes blancas.

Vino blanco dulce

Es el tipo de vino blanco que contiene una mayor cantidad de azúcar residual, superando los 50 gramos por cada litro. Tiene un sabor complejo y profundo, que se manifiesta a través de una textura con gran cuerpo y suavidad. Son los vinos blancos que mayor tiempo permanecen en boca, por lo que su cata permite detectar una amplia variedad de aromas primarios, pero también como secundarios y terciarios. Estos suelen ser marcadamente frutales y florales, con apenas unos últimos recuerdos herbáceos. Algunos ejemplos son el Sauternes y el Riesling.

Los vinos blancos dulces son los que deben servirse más fríos, recomendablemente a una temperatura de entre 2º y 5º. Son una gran apuesta para pescados y mariscos, aunque también aportan contraste a platos de carnes blancas y de pasta.

Según la elaboración

La elaboración es lo que convierte la uva que ha sido recogido en un viñedo en un producto totalmente distinto. Por lo tanto, no es de extrañar que el proceso de producción de un vino blanco sea un factor decisivo a la hora de clasificar los diferentes tipos de esta bebida.

Foto: Arnold Dogelis (Unsplash)

Mientras que las fases de elaboración son siempre más o menos las mismas, existe una gran variabilidad entre los tiempos en que un mosto puede pasar fertilizando y, posteriormente, madurando. Es aquí donde se establece la complejidad y densidad del líquido resultante, y lo que nos lleva a diferenciar entre vinos blancos jóvenes, vinos blancos fermentados en barrica y vinos blancos crianza. A continuación detallamos las principales diferencias que existen entre ellos.

Vino blanco joven

Se conoce como vino blanco joven aquel que no ha pasado una fase de maduración o envejecimiento. Su proceso de elaboración es especialmente breve, ya que el mosto fermentado pasa directamente a su embotellamiento. Esto los convierte en productos que llegan al punto de venta durante el mismo año o el año posterior al que ha sido realizada su vendimia. Gozan de sabores muy afrutados, poco densos y complejos, que por lo general van unidos a un bajo prestigio entre los entendidos del sector.

Para su fabricación es importante contar con uvas de viñedos jóvenes, que se caracterizan por tener una baja carga de taninos. Estos vinos, además, son fermentados a temperaturas más bajas y presentan una tonalidad más clara, en muchos casos incluso transparente. Se recomienda consumirlos en un periodo no superior a los 5 años tras su fabricación.

Vino blanco fermentado en barrica

Tal y como su propio nombre indica, estos vinos tienen la peculiaridad de que su mosto se ha fermentado en una barrica de madera, en vez de en la cuba de acero inoxidable convencional: las barricas más habituales están fabricadas en roble. El tipo de recipiente que almacena la uva durante el proceso de elaboración es un factor decisivo a la hora de determinar los rasgos del producto final. De hecho, resulta inevitable que el vino resultante no incorpore parte de los aromas con los que ha pasado tanto tiempo en contacto.

Para este tipo de elaboración se escogen mostos de buena calidad, generalmente con tendencia a desarrollar altos niveles de acidez y de graduación alcohólica. La fermentación en barrica da lugar a vinos blancos con un color más intenso, que oscila entre el amarillo, el verde y el dorado. Sus aromas también se ven enriquecidos e intensificados, dando lugar a un producto final de gran presencia y densidad en boca.

Vino blanco crianza

Un vino blanco crianza es aquel que ha tenido un proceso de elaboración más largo, ya que para beneficiarse de esta denominación debe haber realizado un envejecimiento de al menos 24 meses. Los vinos crianza pasan un tiempo de entre 6 y 12 meses madurando en barrica, por lo que se han beneficiado de la mayor complejidad y densidad que aporta este proceso. Su último periodo de maduración se realiza tras el embotellado, almacenado en horitzontal en un espacio carente de luz y de olores. Durante esta última fase también es importante mantener la botella con unas condiciones bajas de humedad y temperatura, ya que todos estos detalles garantizan la calidad final del vino que llegará al punto de venta.

Los vinos blancos crianza gozan de un buen reconocimiento y prestigio, tanto por el uso de uvas de gran calidad como por el proceso largo y cuidado al que son sometidos.

Vino blanco afrutado

Nos referimos con este nombre a los vinos blancos con un aroma claramente frutal. Por lo general se trata de variedades jóvenes, ya que son estas las que mantienen un mayor frescor y ligereza. Se considera una de las bebidas alcohólicas más queridas por los expertos pero también por las personas ajenas al sector, debido a que resulta tanto fácil de consumir como suave, fresca y agradable al paladar.

Se caracteriza por una acidez bien equilibrada y por evocar notas de frutas maduras. Esto se logra mediante la utilización de vids con cualidades organolépticas complejas, que captan una gran cantidad de matices tanto durante su crecimiento como posteriormente en su fermentación y maduración. Cada tipo de uva es capaz de generar recuerdos frutales distintos, de manera que el Moscatel aporta sensaciones cítricas y toques a albaricoque, mientras que la Malvasía hace pensar en la manzana, el melón y el melocotón. La uva Verdejo tiene dejes de pera y manzana, mientras que la Albariño evoca los aromas de la naranja y el melocotón.

Vino blanco espumoso

Se conoce como vino espumoso a aquella variedad que presenta burbujas o algún tipo de efervescencia. Esto puede conseguirse de dos formas: sometiendo el mosto a una segunda fermentación o añadiendo ciertas cantidades de CO2 durante el proceso de elaboración. Los vinos blancos espumosos más conocidos son el cava y el champán.

Foto: Alexander Naglestad (Unsplash)

Se trata de bebidas que tradicionalmente se han vinculado con momentos de alegría y felicidad, debido a que tienen un porte menos formal y pueden consumirse solos o como acompañamiento de postres y aperitivos. Resultan bastante ácidos, algo que compensan con una textura ligera y bien oxigenada. Dentro de los vinos blancos espumosos también se contemplan variedades más secas o dulces, así como diferentes niveles de gasificación. Mantener una temperatura adecuada de conservación y cata de estos productos es esencial a la hora de disfrutar al máximo de sus burbujas, ya que de lo contrario es posible arruinar la experiencia de servirlos en copa.

Vino blanco para cocinar

Desde hace cientos de años, miles de personas en todo el mundo utilizan el vino blanco para cocinar platos que posean un mayor matiz de sabores. Cuando se añade a una cocción el vino pierde su graduación alcohólica, pero a cambio fomenta la liberación de sabores en los alimentos que ya se encuentran en la olla y los complementa con los aromas propios.

Aunque no existe un único vino blanco adecuado para cocinar, ya que este dependerá del tipo de plato que queramos preparar, normalmente se utilizan vinos blancos secos y jóvenes. Las características de acidez baja o moderada de estos productos, así como sus aromas sutiles y poco invasivos, resultan idóneos para enriquecer una receta sin alterar por completo los sabores principales de la misma.

Vinagre de vino blanco

Tal y como hemos visto hasta el momento, el vino es una bebida altamente compleja y versátil. Esto ha llevado al surgimiento del llamado vinagre de vino blanco, un producto que resulta de la fermentación del vino blanco mediante la intervención de unas bacterias denominadas Acetobacter. Se trata de un alimento con grandes propiedades antioxidantes y que se utiliza para aliñar todo tipo de platos y salsas, pero también a modo de poderoso conservante.

Su sabor oscila entre lo ácido y lo amargo, aunque varía considerablemente en función de los sabores con los que es combinado. Cuenta con una alta concentración en minerales, que lo convierte en un alimento bueno para el intestino y para la salud de los huesos. También ayuda a controlar los niveles de azúcar en sangre y aporta interesantes efectos astringentes y cicatrizantes sobre la piel.

Vino blanco sin alcohol

Aunque el vino blanco convencional tiene alcohol, hoy en día existen variedades pensadas para quienes no pueden o no desean consumirlo. Su proceso de elaboración es exactamente el mismo que el de un vino blanco convencional, con la diferencia de que dicho proceso termina con una fase de desalcoholización. Los sistemas de producción modernos han permitido que esto sea posible y que, además, tenga como resultado un producto que mantiene la totalidad de las propiedades organolépticas desarrolladas durante su fermentación.

Los vinos sin alcohol incluyen una cantidad residual de este que nunca es superior al 2%. Actualmente es posible encontrarlos con facilidad en los puntos de venta habituales, lo que permite utilizarlos como una alternativa no alcohólica con la que acompañar y enriquecer cualquier comida.

Sangría de vino blanco

Otro producto que surgió derivado del vino blanco es la conocida como sangría de vino blanco. Esta bebida alcohólica de entre 7º y 12º combina diferentes porcentajes de vino con agua, zumo, azúcar y diversos extractos de frutas. Se trata de un producto de origen español de sabor refrescante y muy valorado, especialmente durante los meses de más calor. Puede tomarse sólo o durante la comida, ya que su carácter ligero y frutal permite que combine bien con prácticamente cualquier plato.

Puede presentarse tanto a modo de líquido diáfano como incluyendo pedazos de frutas. Su sabor principal recuerda al limón y a la naranja, con recuerdos a manzana y a frutas del bosque. Entre sus propiedades se encuentra tanto la de estimular el apetito como la de facilitar la digestión.

Capítulo 6

Principales vinos blancos gallegos

Una de las zonas de mayor producción vinícola de España es Galicia. Las condiciones climáticas marcadas por la cercanía del mar Cantábrico por el norte y del mar Atlántico por el oeste hacen que sus tierras sean ricas y fértiles, creando un entorno propicio para el crecimiento de viñedos de gran calidad.

En este sexto capítulo veremos cuáles son los principales vinos blancos del territorio gallego, así como su historia y características. Cuando termines la lectura conocerás la variedad de vinos blancos que existe en la zona, así como los matices que los han convertido en productos muy queridos y valorados a nivel internacional. Trataremos los siguientes productos: el vino blanco Mar de Frades, el vino blanco Terras Gauda, el vino blanco Louro, el vino blanco Finca Viñoa y el vino blanco Pazo de Monterrey.

Vino blanco Mar de Frades

Es una de las grandes joyas de la Bodega Mar de Frades. Producido 100% con la variedad de uva Albariño cultivada en Rías Baixas, esta compañía fundada en 1987 toma el nombre de un punto geográfico clave en el perenigraje hacia Santiago de Compostela. La compañía es todo un ejemplo de calidad y de atención a los detalles. Tal es así que incluso idearon una botella termosensible que cambiaba de aspecto, como forma de indicar si el vino se encontraba en su temperatura óptima de consumo o no. Debe servirse cuando está entre 7º y 10º centígrados.

Con una graduación alcohólica de 12,5º, su consumo está recomendado como acompañamientos a platos ligeros de pescado, quesos o carne de cerdo. El tono del líquido es levemente amarillento y cuenta con reflejos verdosos. Sus aromas recuerdan al jazmín y a las violetas, pero también al mango, al albaricoque y a la sal marina. En boca se percibe con un sabor atrevido y denso que se alarga durante un tiempo.

Las vids que dan lugar al vino blanco Mar de Frades crecen en las zonas gallegas de Ribeira do Ulla, Val do Sainés y Soutomaior. Se trata de un entorno con bajas temperaturas y lluvia escasa o moderada. Su época de vendimia es a mitad del mes de septiembre.

Vino blanco Terras Gauda

Se trata de un conjunto empresarial formado por cuatro bodegas y una conservera. Fue fundada en el año 1990 en el Valle de O Rosal, y actualmente produce más de 1,5 millones de botellas de vino blanco de forma anual. Una gran parte de la producción generada en sus 160 hectáreas de viñedos se destina a la exportación a lo largo de 45 países. La actividad de sus bodegas se encuentra amparada bajo la Denominación de Origen Rías Baixas.

Su vino blanco combina un 70% de la uva Albariño con un 22% de la Caíño blanco, a la que se añade un pequeño porcentaje del 8% de la uva Loureiro. La tonalidad del líquido es amarillo verdoso y ofrece unas propiedades organolépticas complejas, donde destacan especialmente los aromas de melocotón, mandarina, naranja y azahar, todos ellos entremezclados con toques de hierbas aromáticas, de laurel y de menta. En boca es suave y ligeramente ácido, denso pero sin perder su frescor. Debe servirse a una temperatura de entre 7º y 10º y acompañado de marisco, aunque también marida bien con carnes blancas y arroces.

Los viñedos que producen las uvas de este vino blanco crecen en entornos húmedos y cálidos, con suelos de pizarra y granito. Como curiosidad, decir que en el año 2008 la compañía adquirió una fábrica de conservas artesanales en la zona, como parte de su compromiso con el crecimiento económico de Galicia.

Vino blanco Louro

Se trata de una modalidad elaborada por la Bodega D. Rafael Palacios en la zona gallega de O Bolo, caracterizada por terrenos con acusados desniveles y barrancos de piedras. La compañía fue fundada en 2004 y a día de hoy posee más de 24 hectáreas destinadas principalmente a la uva Godello, que se complementa en pequeña medida con los viñedos de uva Treixadura. Son estas dos plantaciones las que dan lugar al vino blanco plurivarietal Louro, donde la Treixadura se presenta sólo en un 8% y con el objetivo de ampliar los matices de la baya principal. Entre los rasgos más representativos de la empresa se encuentra su interés por mantener los métodos de recolección y producción tradicionales. Además, también apuesta por soluciones más ecológicas que las grandes máquinas contaminantes utilizadas en numerosas bodegas.

Las uvas de este vino blanco crecen en el Valle del Bibei, en suelos pobres con cosechas poco abundantes pero bayas de calidad. La fermentación del mosto se realiza en inmensas barricas de roble francés con capacidad para almacenar hasta 300 litros de materia prima. El resultado es un vino de amarillo tenue con dejes verdes y brillantes, cuyos aromas recuerdan al hinojo, a la flor de castaño y tojo y a la fruta blanca. También incorpora toques de miel. En boca es un líquido fresco pero denso, con sabores únicos procedentes de los minerales salinos presentes en el suelo de cultivo. Debe tomarse a una temperatura de 6º y 8º, preferentemente acompañado de mariscos, pescados o carnes blancas.

Vino blanco Finca Viñoa

Este vino es producido por la Bodega y Viñedos Pazo Casanova, una compañía fundada en el año 2000 en la zona gallega de Ribeiro con la intención de devolver la fertilidad a un antiguo viñedo situado en el valle del río Avia. Sus valores se basan en la fabricación de productos de alta calidad, a los que dedican métodos de elaboración tradicionales y lentos. Además de a sus uvas, uno de los aspectos en los que han puesto más cariño es a la etiqueta con que identifican los vinos. Esta incluye un gran dibujo de estilo boceto, que refleja una imagen aérea de los que cuidan con tanta paciencia y esmero.

El vino blanco Finca Viñoa está elaborado en un 90% con un uva Treixadura, que se complementa con pequeñas cantidades de las uvas Albariño, Godello y Loureiro. Es uno de los vinos más elegantes de la bodega, en parte por el encanto de sus viñedos cultivados a modo de terrazas en suelos de granito. El líquido es de un color intenso brillante, lo que anticipa una rica composición de aromas frutales. Entre ellos destaca el recuerda de la manzana, la pera, el lichi, las flores amarillas y el musgo. Una vez en boca se descubren sus matices cítricos, que se despliegan con cremosidad y recuerdos de la sal marina. Debe servirse a una temperatura óptimade entre 9º y 12º y es un excelente maridaje para el marisco, el tartar de atún, el pescado al horno y las pequeñas aves y carnes de caza.

Vino blanco Pazo de Monterrey

Producido por la Bodega Pazos de Rey, este vino blanco se realiza en la región vinícola de Monterrei. La cercanía tanto del río Duero como del Mar Cantábrico y del Mar Atlántico crean un entorno complejo, que además se ve alimentado por las condiciones climáticas del Mediterráneo. Esta cooperativa surgió en 1965 como una forma de reivindicar la D.O. Monterrei, y lo hizo en un entorno emblemático y marcado por los restos de la vinicultura desarrollada durante la época romana. Sus instalaciones actuales proceden de la última modernización que sufrió la bodega en los años 90, momento en que se apostó por una tecnología más rudimentaria y enfocada a pequeñas producciones de gran calidad.

El vino blanco Pazo de Monterrey tiene nombre propio, y es que ha sido diseñado por la enóloga Susana Pérez. Está formado íntegramente por uva Godello cultivada entre los territorios de Oimbra, As Chas y Flariz, donde se extiende a través de 25 hectáreas de suelo arcilloso. El aspecto del líquido es de un amarillo tenue con reflejos verdosos, y sus aromas son frutales con toques de flores blancas. En boca se percibe con gran intensidad y durabilidad. A la hora de servirlo se recomienda hacerlo a una temperatura de entre 7º y 10º, acompañado de pescados, mariscos y sushi.

Capítulo 7

Otros vinos blancos del mundo

La proliferación de la cultura del vino ha hecho que prácticamente todos los países hayan empezado a cultivar y producir sus propios vinos blancos. Por este motivo queremos dedicar un último capítulo de esta guía a otros productos y marcas extranjeras que quizá no conocías, pero que sin duda alguna se merecen cierto reconocimiento por su elevada calidad.

Cuando termines la lectura sabrás un poco más acerca de los vinos blancos que se fabrican más allá de nuestras fronteras, y entenderás que las condiciones climáticas y geográficas de los viñedos son decisivas a la hora de que estos desarrollen características únicas. A continuación veremos los siguientes vinos blancos internacionales: el Mirabilis Branco (Portugal), el Gaia & Rey (Italia), Castillo Ygay Blanco Gran Reserva Especial (España), Singerriedel Riesling Smaragd (Austria) y Corton Charlemagne Grand Cru (Francia):

Vino blanco Mirabilis Branco

Fabricado por la antigua bodega Quinta Nova de Nossa Senhora do Carmo y cultivado en el valle portugués del Duero. La empresa fue fundada en el año 1756 por las familias adineradas de la región, que durante décadas se encargaron personalmente del cuidado de los viñedos, de los árboles frutales, e incluso del mantenimiento de los molinos de agua. Su historia está muy vinculada al amor por la naturaleza y a la religión, por lo que la Capilla de Nuestra Señora del Carmen aún es una zona de sus terrenos muy querida y protegida por la compañía.

El vino blanco Mirabilis Branco recibe el nombre de una flor africana, una decisión que refleja el carácter de exploración e innovación que siempre ha defendido la bodega. Es un producto que empezó a producirse en 2008 y que desde entonces ha ganado varios premios internacionales cada año. Está compuesto principalmente por las variedades de uva Viosinho y Gouveio, que han sido cultivadas en viñas muy antiguas y en suelos de granito. Su vid crece a una altura mínima de 500 metros sobre el nivel del mar. A la hora de consumirlo este vino destaca por un aspecto amarillo brillante, así como por las notas cítricas y el recuerdo a flores blancas, a vainilla, a clavo y a diversos minerales. También posee toques amaderados, resultado directo de su tiempo de maduración en barrica de roble francés y húngaro.

Vino blanco Gaia & Rey

Un producto de la Bodega Gaja, fundada por la familia italiana del mismo nombre en el año 1859. Sus viñedos se han centrado siempre en la región del Piamonte y han sido cuidados por miembros de la familia. Actualmente la empresa se encuentra a manos de la quinta generación y cuenta con 102 hectáreas de cultivos repartidos por todo Barbaresco y Barolo.

Este vino blanco toma el nombre de dos miembros de la familia Gaja. Las uvas Chardonnay utilizadas en su producción son cultivadas en viñedos que datan de los años 1979 y 1989, y que se caracterizan por unos aromas bastante ácidos y equilibrados. Tiene una graduación alcohólica de 14° que se logra en un proceso de fermentación en cubas de acero inoxidable. Su posterior maduración, de entre 6 y 8 meses, se lleva a cabo en barricas de roble.

En su cata se percibe como un vino complejo, cálido y con numerosos matices, entre los que destacan los recuerdos de vainilla, mantequilla, praliné y manzana. Su densidad lo mantiene un tiempo en boca y se recomienda servirlo a una temperatura de entre 12º y 13º. A la hora de marinarlo debe hacerse con mariscos y sushi, aunque también es un excelente complemento para risottos, quesos y carnes blancas.

Vino blanco Castillo Ygay Blanco Gran Reserva Especial

En este caso mencionamos un vino blanco español que se produce en la comarca de La Rioja. Es fabricado por la Bodega Marqués de Murrieta, responsable de la elaboración de hasta 9 vinos blancos y tintos con características muy dispares. Su origen se remonta al año 1852, momento en que Don Luciano Murrieta fue la primera persona en fabricar vinos en el territorio. A partir de 1983 la empresa pasó a formar parte de la familia del Conde de Creixell, en manos de quien permanece en la actualidad. El vino blanco Castillo Ygay fue el primero en recibir premios especializados del sector en nuestro país, y su importancia es tal que se ha ganado el mote de «El Emperador de los vinos blancos de España».

Se trata de un producto con 100 Puntos Parker, otorgados por el crítico enólogo Robert Parker a sólo unos pocos afortunados que merecen este gran reconocimiento a su calidad. En su elaboración interviene un 97% de uvas de la variedad Viura y un 3% de uvas Malvasía, todas ellas recogidas del antiguo viñedo situado en Pago Capellanía a casi 500 metros de altitud. Todas las vid que intervienen en este producto fueron recogidas de forma manual en su momento óptimo de madurez.

El vino resultante tiene una graduación alcohólica de 13,5º y una acidez elevada. Este increíble crianza ha pasado ni más ni menos que 252 meses madurando en una barrica de roble americano, además de 67 meses alojado en una cuba de hormigón. Su aroma hace pensar en flores, en membrillo y en frutos secos, mientras que su sabor es intenso y persiste largo tiempo en boca. Se recomienda servir entre 14º y 15º y maridarlo con quesos, marisco, carnes blancas o jamón ibérico.

Vino blanco Singerriedel Riesling Smaragd

Se trata de uno de los primeros vinos de estas características que fue producido en Austria, y lo hizo de la mano de la Bodega Franz Hirtzberger. Su fundación se remonta ni más ni menos que al siglo XIII, por lo que se considera una pionera en toda Europa. Desde entonces ha mantenido el espíritu de una compañía familiar plenamente dedicada al cuidado de los viñedos y a la producción de vino. Sus terrenos se concentran en el Valle de Wachau, en una posición privilegiada entre las montañas y el cauce del río Danubio. En las áreas con suelos más complejas la familia aún aplica los métodos de la agricultura tradicional, basados en la poda y selección manual de las bayas.

El vino blanco Singerriedel Riesling Smaragd se caracteriza por una fermentación en cubas de acero inoxidable, a las que se añaden ciertas levaduras adicionales a las que posee naturalmente la uva. Está compuesto exclusivamente por uvas de la variedad Grüner Veltliner, que dan lugar a un producto final sutil y refrescante. Entre sus aromas destacan los toques a pera y, una vez en boca, desarrolla notas densas y picantes. Debe servirse a una temperatura de 8º y marinarse con platos de verduras, arroces, pescados o carnes blancas.

Vino blanco Corton Charlemagne Grand Cru

La historia sobre este vino sitúa los inicios de la bodega Bonneau du Martray, la responsable de su producción, en la lejana época de Carlomagno. Parte de los viñedos que se conservan hoy en día forman parte de los que este rey donó en el año 775 a la Abadía de Saulieu, aunque no fue hasta finalizar la Revolución Francesa que se registraron informes oficiales acerca de su venta a Bonneau-Véry. Actualmente la bodega aún pertenece a su familia y cuenta con 11 hectáreas de cultivos centrados en la producción de uva blanca. Desde el año 1994 la compañía es dirigida por el descendiente Jean-Charles, quien ha tomado diversas decisiones para trabajar el cultivo de forma más orgánica y manual.

El vino Corton Charlemagne Grand Cru es su gran especialidad blanca y está fabricada con uvas Chardonnay de alta calidad. Sus viñedos están expuestos a una gran cantidad de horas de sol al año, además de recibir aires abundantes pero ligeros. Las uvas crecen en suelos arcillosos y calizos al pie de fértiles colinas. Todo ello permite obtener un producto final complejo y profundo, con aromas que evocan el clavo, la avellana, la pimienta blanca, el mazapán y diversos minerales. Tiene una graduación alcohólica de 13,5º y se recomienda servirlo a una temperatura de entre 10º y 12º. El maridaje que permite extraer todos sus matices es la combinación con platos ahumados, pescados y carnes blancas.

Conclusión

Tras siete capítulos que esperamos que hayan sido útiles e interesantes para el lector, terminamos con esta guía acerca del vino blanco y de todo cuanto lo rodea.

Cuando empezamos el largo camino lo hicimos encontrando una definición para este preciado líquido de reflejos dorados, que tanto interés ha generado en el ser humano desde los inicios de la civilización. Exploramos las fases de elaboración del vino blanco y qué le sucede a la uva y al mosto en cada una de ellas. También hicimos un recorrido por la historia de esta bebida, y descubrimos en qué momento empezamos a experimentar con el tratamiento de la uva. Vimos algunas de las zonas de viñedos más importantes del planeta y cómo se distribuyen actualmente los porcentajes de consumo, importación y exportación. Finalmente, terminamos el primer capítulo desarrollando el significado de las Denominaciones de Origen y detallando algunas de las más relevantes de España.

A continuación profundizamos en las variedades de uva blanca que existen: hablamos de donde se cultivan y de las propiedades que aportan a los vinos que se fabrican con ellas. Después nos centramos en las características del vino blanco y en sus diferencias respecto al vino tinto, tratando aspectos como el color, aroma y sabor que lo caracteriza. También hablamos de sus propiedades y de los métodos correctos de almacenarlo, consumirlo y maridarlo.

Más adelante estudiamos en profundidad el asunto de las copas de vino blanco y vimos las diferencias entre los diferentes modelos que existen en la actualidad. El siguiente paso fue clasificar las variedades de vino blanco que se comercializan en función de varios parámetros, como son su nivel de azúcar, el proceso de elaboración o su carácter afrutado o espumoso, entre otros. Para terminar hablamos sobre algunos de los vinos blancos gallegos más relevantes, y después ampliamos nuestra perspectiva para analizar algunos de los vinos blancos más interesantes a nivel internacional.

Esperamos que este artículo os haya resultado instructivo y que haya despertado vuestras ganas de profundizar en el apasionante mundo del vino blanco. Agradecemos mucho que hayáis continuado la lectura y llegado hasta aquí. Si aún no lo habéis hecho, os animamos a descubrir los increíbles vinos gallegos y a visitar Galicia para adentraros en su cultura vinícola. No dudéis en dejar vuestras dudas, preguntas o sugerencias para que podamos seguir ofreciendo contenido de calidad.

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