Vino Tinto: Todo lo que necesitas saber [2021]

copa de vino tinto y un corcho

En este artículo sobre el vino tinto encontrarás todo lo que siempre has querido saber sobre esta exquisita bebida. Empezaré por lo más básico, desde la definición del concepto y la explicación de cómo se elabora, hasta sus orígenes y las Denominaciones de Origen que avalan la calidad de estos productos en España.

Después iré profundizando poco a poco en las variedad de uva tinta más utilizadas, en las características organolépticas que definen el vino tinto y en cómo debe servirse y tomarse. También hablaremos de las distintas clasificaciones que existen y, finalmente, entraremos al detalle en torno a algunos vinos tintos gallegos e internacionales.

Cuando termines la lectura de esta guía serás capaz de ver el vino tinto con otros ojos. Entenderás por completo todo el trabajo que hay detrás de la botella que compras en el punto de venta, y querrás probar una gran variedad de productos para detectar los aromas, sabores y texturas de cada uno de ellos.

Capítulo 1

El vino tinto: Lo básico

Vamos a empezar por definir qué es el vino tinto y leer una breve introuducción. Trataré de responder a la pregunta sobre qué es el vino tinto y de darte una definición sencilla y clara. Te explicaré cómo se produce paso a paso, y entraremos en el apasionante mundo de las barricas y de los tipos que se utilizan. También podrás conocer la historia y el origen de esta mágica bebida, además de descubrir las zonas de viñedos más importantes que existen en la actualidad. Finalmente, te hablaré de las Denominaciones de Origen más importantes que hay en España.

Cuando termines el capítulo serás capaz de explicar a otra persona qué es exactamente el vino tinto. Podrás valorar la complejidad de su elaboración, así como diferenciar los principales tipos en función de sus uvas y viñedos de procedencia.

¿Qué es el vino tinto?

Parece una pregunta fácil… ¡pero no lo es! Lo más evidente es empezar describiéndolo como una bebida alcohólica que surge a partir de la fermentación de uvas tintas. Su color intenso y característico lo dan los hollejos de la materia prima y sus sustancias colorantes.

Pero el vino tinto también es mucho más. Es el bonito resultado que se obtiene tras el trabajo de una gran cantidad de personas, que se inicia con el cultivo y recolección de la uva y termina con el embotellamiento y distribución del producto final. Entre ambas situaciones hay un complejo proceso de varias fases en bodega, donde los profesionales del sector tratan con mimo cada producto para obtener bebidas repletas de aromas y matices.

botella y copa de vino tinto
Foto: Jeff Siepman (Unsplash)

Al pensar en el vino, quizá te vienen a la mente los buenos momentos en que esta bebida ha estado presente en tu mesa. El vino tinto se ha convertido en una excelente forma de acompañar la comida, especialmente cuando se trata de platos de carne roja, marisco, quesos y algunas verduras. La magia de este producto radica en que es capaz de ensalzar o reducir la intensidad de diferentes tipos de alimentos, por lo que amplía considerablemente la experiencia ya de por sí maravillosa que resulta comer.

Finalmente, debes saber que el vino tinto también es un producto para consumir solo. Además de que cada vino tiene un sabor único que merece la pena degustar con detenimiento, también se ha comprobado que tiene muchos beneficios para la salud. Por ejemplo, ¿sabías que ayuda a combatir el envejecimiento y a reducir la fatiga del día a día?

Cómo se hace el vino tinto?

Hacer vino tinto es un proceso delicado en el que, a cambio de medir cuidadosamente cada parámetro de fermentación, de combinación de materias primas o de temperatura, se obtiene un producto final exquisito y destinado al consumo humano. Con el propósito de que entiendas hasta qué punto se trata de una bebida especial, a continuación te contamos el paso a paso de su fabricación. Esta consiste en diez pasos o fases: la vendimia, el despalillado, el estrujado, la maceración y fermentación alcohólica, el prensado, la fermentación maloláctica, la crianza, el trasiego, la clarificación y finalmente el embotellado.

Te prometemos que al terminar de leer este apartado te sentirás más cercano y agradecido hacia quienes dedican muchos meses a elaborar cada botella.

Vendimia

Se conoce como vendimia el proceso de recolección de las uvas que han sido cultivadas específicamente para la fabricación de vino. El periodo de vendimia varía considerablemente en función de la zona y de la variedad de la uva, pero el clima de España normalmente concentra esta etapa entre los meses de septiembre y octubre. Con todo, la recogida de la materia prima en el momento exacto determina la proporción de azúcares y elementos ácidos que contiene, lo que influye enormemente en el resultado del vino tinto final.

viñas de uvas y vendimia
Foto: Amy Chen (Unsplash)

Existen formas de vendimia manual o mecánica, además de varias directrices que aseguran la calidad de la uva. Entre ellas destaca el hecho de que la uva ha de recolectarse cuando está completamente seca y preferiblemente por la noche, al abrigo de unas temperaturas más bajas o moderadas.

Despalillado

No todas las partes del racimo que se recoge se aprovechan a la hora de elaborar el vino tinto. El despalillado tiene como objetivo separar el fruto del raspón, que es el nombre con el que se conoce a la estructura herbácea que une varias uvas en la característica forma de V.

Este proceso también se utiliza para separar las hojas y otros restos vegetales, que de lo contrario podrían aportar sabores amargos y que no nos interesan. Se realiza mediante máquinas despalilladoras horizontales, aunque en los últimos años han proliferado también los modelos verticales.

Estrujado

Mediante el uso de una máquina conocida como estrujadora o pisadora, se separa el mosto o pulpa de la uva respecto a la delgada piel que la protege. Es lo que se conoce como hollejo, una parte que no siempre se incluye en el vino tinto final. El estrujado también permite que las levaduras naturales de la uva empiecen a dispersarse y la prepara para la posterior fase de maceración.

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¿Cómo se hace el vino?
por Vinetur

Las máquinas encargadas del proceso se configuran con unos niveles de presión adaptados a cada caso, ya que es importante que la piel y las semillas puedan extraerse enteras. De lo contrario, parte de su sabor se mezclaría con el mosto que estamos obteniendo.

Maceración y fermentación alcohólica

Una vez obtenido el mosto se macera entre 10 y 14 días en grandes depósitos, donde permanece en contacto con los hollejos para ir tomando poco a poco el color tinto tan característico. Esta fase requiere un control exhaustivo de la temperatura a la que se encuentra la materia prima, que en ningún caso ha de superar los 29ºC.

En este momento también se produce la denominada fermentación alcohólica, mediante la cual el azúcar que contiene la pulpa de la uva se transforma en alcohol etílico. Por lo tanto, es ahora cuando se decide en gran parte la coloración y la graduación alcohólica que tendrá el vino tinto al final de su producción.

Prensado

El mosto macerado pasa por el descube, que no es otra cosa que el cambio a un nuevo depósito. A partir de aquí se toman las partes que aún permanecen sólidas y se las somete a un sistema de prensado mediante máquinas específicas, que ejercen la presión necesaria para extraer hasta las últimas gotas de mosto líquido sin romper los raspones, los hollejos ni las pepitas.

La temperatura e intensidad del prensado son claves a la hora de determinar la oxidación de la uva, que a su vez altera el color y el sabor del producto final. Por lo general, el prensado funciona mejor con intervalos suaves y breves que con presiones fuertes y largas.

Fermentación maloláctica

También conocida como segunda fermentación, se trata de un proceso que dura entre 15 y 21 días. Es una etapa especialmente importante en el caso del vino tinto: tiene como objetivo convertir el ácido málico del mosto en ácido láctico, una sustancia mucho más suave y que reduce la acidez del producto. Al terminar la fermentación maloláctica, el mosto apenas contiene una cantidad de entre 0,1 a 0,3 g/l de ácido málico.

La transformación se lleva a cabo de manera natural gracias a las bacterias presentes en la uva. Sin embargo, con frecuencia se añaden otras bacterias de forma artificial con el fin de introducir variaciones en la manera en que evolucionan la acidez y los aromas del mosto en fermentación.

Crianza

La crianza o el envejecimiento del vino tinto se lleva a cabo en barricas de roble, que en contacto con el mosto fermentado le transfieren una gran cantidad de notas aromáticas. El grado de tostado de la barrica, el porcentaje de oxígeno que deja pasar al interior o la cantidad de veces que ha sido utilizada son aspectos que determinan su influencia sobre el mosto.

barriles vino tinto crianza
Foto: Marvin L (Unsplash)

En el caso del vino tinto, la fase de crianza suele aportar notas de tostado, vainilla y madera, que surgen debido a la influencia de los taninos y los aldehídos presentes en la barrica. Los periodos de crianza más habituales oscilan entre los 6 y los 24 meses, aunque hay vinos de alta calidad que alcanzan tiempos muy superiores.

Trasiego

El trasiego es el proceso mediante el cual el vino tinto criado en barrica se cambia regularmente de recipiente. Esta acción es necesaria para separarlo de los sedimentos sólidos que se acumulan al fondo. También permite oxigenarlo, lo que contribuye a que los aromas continúen evolucionando, y da al enólogo la oportunidad de controlar el resultado y de evitar que el producto se eche a perder.

Los residuos que quedan en la parte inferior de la barrica tras el trasiego son levaduras y bacterias que ya no resultan útiles, y que de no eliminarse alterarían el sabor del vino durante su fase de crianza.

Clarificación

Una vez el vino tinto ha pasado por todo su periodo de fermentación y maduración, es el momento de eliminar sus impurezas y de prepararlo para que pueda ser conservado y distribuido sin alterar sus propiedades organolépticas. El proceso de clarificación añade sustancias clarificantes al producto, cuya función es la de condensar las partículas indeseadas y enviarlas al fondo del recipiente, desde donde pueden ser fácilmente extraídas.

Las sustancias clarificantes de uso más habitual en el vino tinto son las proteínas albúminas del huevo o de la gelatina de los huesos, aunque también se utilizan sustancias como los alginatos, la bentonita o el compuesto anhídrido silícico.

Embotellado

Por último, el vino terminado llega a su fase de embotellado. Aquí los vinos tintos de clase crianza aún pasarán algún tiempo envejeciendo en su propia botella, donde las características que han adquirido en barrica se estabilizan y logran un mayor equilibrio de acidez, aroma y sabor. Los vinos más jóvenes, en cambio, estarán listos para su distribución y comercialización.

El embotellado es un proceso igual de cuidado que los anteriores. Las botellas se limpian con vapor para eliminar cualquier residuo y se llenan con un decantador. Finalmente pasan por una máquina que les coloca el corcho con la presión exacta para que no entre el oxígeno, y se dejan 24 horas en vertical para que este se expanda y quede perfectamente encajado en el cuello de la botella.

La barrica

Por su importancia y contribución a las propiedades organolépticas del vino tinto, la barrica es un elemento de gran importancia en cualquier bodega. Este objeto fue inventado hace siglos por los celtas, quienes en un primer momento solo lo utilizaban para el transporte de elementos. Fue necesario el paso del tiempo y de varias civilizaciones mediterráneas para que se apreciara el valor de la barrica, que poco a poco sustituyó a las antiguas ánforas y a los diversos recipientes de cerámica en los que se conservaban tanto alimentos como bebidas.

Las barricas se fabrican con la madera de diferentes árboles entre los que destaca el roble y, en menor medida, el cerezo, el pino o el castaño. De hecho, y aunque existen más de un centenar de especies de roble, hoy en día se considera que únicamente dos de ellas son perfectas para la producción de barricas: se trata del roble francés y el roble americano.

vino tinto barrica madera
Foto: Foto Phanatic (Unsplash)

Tras conseguir la madera, la materia prima se calienta para que pierda su rigidez y sea posible darle la forma redondeada tan característica. Se trata de un proceso artesanal y que empieza con la delicada selección de la madera, ya que solo se utilizan troncos sin defectos y con un diámetro mínimo de 35 centímetros. Esto significa que los árboles seleccionados han vivido aproximadamente 120 años, lo que ha llevado a controlar su plantación y tala para que no alterar el ecosistema de los bosques. A la hora de construir una barrica, los artesanos hablan de «duela» como unidad básica. Cada duela o capa de madera tiene entre 22 y 30 milímetros de grosor, y cada barrica se forma a partir de la superposición de entre 25 y 32 duelas.

En su fabricación también se presta especial atención al tostado de la madera, ya que los distintos grados de intensidad del mismo aportan diferentes sabores y olores al vino tinto que madura en su interior. De esta forma, las barricas con un tostado ligero dan lugar a aromas cercanos a la vainilla y el coco, mientras que las que tienen un tostado medio incluyen recuerdos a especias y chocolate. Por su parte, las barricas con un tostado alto dan un toque más ahumado y con toques de café, mientras que las que poseen un tostado muy alto aportan toques marcadamente ahumados.

Así pues, vemos que la barrica es parte activa del proceso de maduración y consolidación de los vinos tintos. De hecho, el tiempo que pasan en su interior es decisivo a la hora de etiquetar la botella que llega al punto de venta, y que puede ofrecer desde un vino joven con 6 meses o menos de maduración en barrica, hasta un vino gran reserva que ha pasado por 60 meses de reposo en bodega, con un mínimo de 18 meses en el interior de la barrica. En un punto intermedio se encuentran los vinos tintos crianza, reposados 24 meses en bodega y al menos 6 de ellos en barrica; y los vinos reserva, reposados 36 meses en bodega y con un mínimo de 12 meses en barrica.

Tipos de barrica

Las barricas pueden clasificarse en función de varios parámetros, como el tipo de madera con el que han sido fabricadas, la capacidad de almacenaje que tienen, su grado de tostado o el tiempo de vida con el que han sido concebidas, entre otros aspectos. Sin embargo, lo más relevante a la hora de influir en el aroma, color y sabor del vino tinto suele ser la materia prima utilizada. De hecho, la importancia de esta característica ha hecho que hoy en día incluso existan barricas estandarizadas y con nombre propio, que las bodegas pueden adquirir sabiendo con precisión las propiedades organolépticas que generan en los mostos que contienen. Este es el caso de los modelos Bordeaux Château, Bordeaux Porto, Château Transport y Bourgogne, entre otros.

Tal y como comenté en el punto anterior, la mayoría de barricas para vino tinto están fabricadas con madera de roble francés o americano y cada una de ellas aporta matices únicos.

El roble francés transfiere una cantidad moderada de los taninos de la madera al vino que contiene, lo que se traduce en aromas especiados y recuerdos a frutos secos y miel. Se trata de una barrica de gran calidad y cuyo precio suele doblar el de las fabricadas con roble americano. El secreto de su valor radica en el lento crecimiento del árbol, durante el cual desarrolla una corteza especialmente fina y querida por artesanos de todas las disciplinas.

El roble americano aporta una madera más porosa y permeable, que transfiere una gran cantidad de propiedades al vino que almacena y lo dota de aromas más marcados. Los vinos tintos que maduran en su interior reciben toques fuertes de café, chocolate y humo, que en ocasiones pueden sobrescribir en exceso las características propias del mosto. Es por este motivo que las barricas de roble americano son más económicas y no se utilizan en productos de elevada calidad, donde el fabricante prefiere mantener un sabor y aroma complejos a la par que sutiles.

tipos de barrica vino tinto
Foto: Henar Langa (Unsplash)

Paralelamente y aunque menos utilizados, debes saber que también existen otros tipos de barricas para la maduración del vino tinto. Una de las más conocidas es la de roble español, cuya proximidad respecto a su homónima francesa hace que tenga bastantes similitudes con esta. Es una opción a medio camino entre la cantidad de aromas y sabores que aporta la barrica de roble francés y la de roble americano, y aporta notas de café, vainilla, cacao y almendras.

Una variante menos conocida es la barrica de acacia, cuyo grado de tostado afecta en gran medida al vino resultante. Por este motivo se dividen en barricas tostadas o sin tostar: las primeras aportan recuerdos intensos que encajan con el sabor de los vinos tintos, mientras que las segundas fomentan las sensaciones frescas y florales que se reservan para los vinos blancos.

Finalmente, lo mismo sucede con las barricas de cerezo y la diferenciación de su uso en base al grado de tostado de la madera. En este caso la barrica se caracteriza por transmitir notas de frutos rojos al vino que contiene.

Historia del vino

La historia del vino ha estado siempre unida a la de las civilizaciones. Esta bebida alcohólica se ha utilizado ampliamente a lo largo de los siglos, ya fuera como medicina, como muestra de poder y opulencia o como mera forma de ocio. Aunque se desconoce el momento exacto en que el hombre produjo el primer vino tinto, hoy en día contamos con muestras arqueológicas de vinificación que datan del periodo comprendido entre los años 8000 y 5000 a. C. Gracias a ellas situamos el origen del producto en torno a estas fechas, así como en los territorios de lo que hoy es Georgia e Irán.

Lo que sí puedo decirte con seguridad es que los primeros cultivos de viñedos tuvieron lugar en la edad de bronce, y más concretamente en las zonas limítrofes de Oriente Próximo. Aquí crecía la denominada uva «L. subsp. sylvestris», de la cual proceden la mayoría de especies de uvas que existen en la actualidad y que se han ido adaptando a las condiciones de clima, suelo y altitud de cada zona.

¿Te preguntas cómo logró expandirse tanto? Lo cierto es que se trató de un proceso natural y tranquilo, marcado por el crecimiento exponencial del comercio y de los desplazamientos entre territorios y culturas. Poco a poco el concepto del vino se fue extendiendo entre las culturas mediterráneas, desde las cuales terminó por dar el salto a todos los rincones del planeta.

La importancia histórica del vino tinto es tan grande que incluso aparece en la tradición cristiana con el importante papel de la sangre de Cristo. También se hace referencia a él en la Biblia, donde se menciona que Noé replantó las vides tras el fenómeno del diluvio universal.

Con todo, hoy suponemos que la vid empezó a cultivarse tan pronto como el ser humano pasó de ser nómada a sedentario, y que en un primer momento se consumía de forma directa o aplastada como zumo, de la misma manera que se hacía con frutas silvestres similares como las cerezas o las moras. De hecho, se cree que la primera forma similar al vino actual se debió a una fermentación accidental, provocada en alguna uva que fue olvidada o dejada en un recipiente durante varios días.

Respecto al tipo de vino que llegó antes, si el tinto o el blanco, la respuesta es clara: se trataba de vino tinto. La variedad de uva silvestre que empezó a domesticarse tenía este color característico, y no fue hasta que la tradición vinícola llegó al Antiguo Egipto que se planteó la posibilidad de crear una mutación. El vino tuvo una gran importancia en esta cultura, donde se integró rápidamente como parte de ceremonias religiosas y festivales populares. En esta etapa de la historia aún se trataba de una bebida lujosa y reservada para ocasiones especiales, e incluso se dejaba en el interior de las pirámides cuando los faraones morían y se llevaban al otro mundo sus pertenencias más valiosas.

No fue hasta la posterior Grecia clásica, y sobretodo durante el Imperio Romano, que el consumo de vino tinto se popularizó hasta formar parte del día a día de la población.

Geografía

Hoy en día se produce vino tinto en prácticamente todo el mundo, aunque hay algunos territorios que destacan ya sea por sus grandes extensiones de viñedos, como por sus notables volúmenes de consumo, importación y exportación.

Una de las zonas de viñedos de uva tinta más importantes que existen a nivel internacional es la de la Burdeos, en Francia. Consiste en un área que cubre ni más ni menos que 117.514 hectáreas donde operan 9.000 bodegas, que localmente son conocidas bajo el nombre de châteaux. Las 57 Denominaciones de Origen que abarca la zona generan anualmente más de 14.500 millones de euros, y entre sus regiones más destacadas se encuentran territorios tan conocidos en el sector vinícola como Médoc, Graves y Sauternes.

mapa de los vinos de espana cortado galicia
Mapa de las Denominaciones de Origen en España (Cortado)
Fuente: foodswinesfromspain.com – Descargar Mapa completo (.pdf)

Lo que hace tan prolífica este área de viñedos es que está sujeta a un clima oceánico que oscila entre frío y moderado, lo que permite cultivar una gran variedad de uvas. Las plantaciones también se ven condicionadas por las pocas horas de luz solar y una frecuencia regular de lluvias; además de por un suelo mayormente calizo y abundante en calcio. Bajo estas características, los viñedos de Burdeos están orientados en un 80% a la producción de vinos tintos.

A la hora de entender la elaboración vinícola que se hace en el territorio, la mayoría de sus vinos tintos son el resultado de una meticulosa combinación de varios tipos de uvas. La más utilizada es la cabernet sauvignon, que se mezcla en proporciones variables de las uvas cabernet franc, merlot y petit verdot, entre otras. Para elaborarlos siguen los 10 pasos que he explicado en este artículo con anterioridad, aunque los productos de Burdeos tienen una importante peculiaridad: su ensamblaje.

Se trata de un proceso que llega prácticamente al final del proceso de producción: justo después del trasiego. Hasta este momento cada cuba de la bodega o châteaux contenía una única cepa de uva, lo que permite al enólogo trabajar de forma individual con la materia prima recogida en cada parcela de terreno. Con el ensamblaje, sin embargo, el profesional une varias cubas para crear las mezclas únicas y perfectamente equilibradas que darán lugar al vino tinto final.

Antes de acabar este capítulo, también quiero hablarte de las principales zonas de consumo, importación y exportación. Entre los países consumidores más importantes destacan sobretodo las culturas mediterráneas, donde el vino siempre ha estado muy ligado a su tradición del buen comer y beber. Por este motivo, la lista la encabezan países como Francia, Italia, Portugal, Dinamarca y Grecia.

En lo relativo a la importación y exportación, estos datos se diversifican a todo el mundo. Quienes más lo importan son los territorios donde la cultura de los viñedos no se ha consolidado, pero donde sus ciudadanos siguen demandado esta interesante bebida. La lista la encabezan Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, China y Canadá. En lo referente a las exportaciones, estas se corresponden con las zonas de mayor producción de vino tinto: se trata de Italia, España, Francia y Argentina.

D.O. de vino tinto en España

Las Denominaciones de Origen (también denominadas D.O.) son el sello mediante el cual un vino tinto ha sido reconocido a nivel legal, e identifica a aquellos productos con unos altos estándares de calidad. En España tenemos el privilegio de contar con 70 D.O. autóctonas, a las que es posible acceder fácilmente en cualquier punto de venta y que nos permiten disfrutar de las maravillosas uvas que se cultivan en nuestro país. Para que conozcas algunos nombres, te dejo un listado con una pequeña parte de ellas:

  • Alella
  • Arribes
  • Bierzo
  • Calatayud
  • Cataluña
  • Cava
  • Chacolí de Álava
  • Conca de Barberá
  • El Hierro
  • Empordá
  • Gran Canaria
  • La Gomera
  • La Mancha
  • La Palma
  • Manzanilla Sanlúcar de Barrameda
  • Monterrei
  • Montilla-Moriles
  • Montsant
  • Navarra
  • Penedés

Finalmente, quiero hablarte más detenidamente de la D.O. española más conocida tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Se trata de la Denominación de Origen Rioja: la primera en ser reconocida en nuestro país en el año 1925.

Sus viñedos se ubican al norte de la Península, en una situación privilegiada a los márgenes del río Ebro. Está formada por más de 63.500 hectáreas distribuidas a lo largo de las provincias de La Rioja, Álava y Navarra. La zona recibe una influencia climática doble debido a la cercanía tanto con el Mar Mediterráneo como con el Océano Atlántico, con temperaturas y precipitaciones moderadas. El tipo de suelo varía considerablemente a lo largo de toda su extensión de viñedos, incluyendo desde terrazas de arcilla calcárea hasta suelos planos aluviales.

La D.O. Rioja trabaja con las variedades de uva tinta Tempranillo, Mazuelo, Garnacha y Graciano. El vino que produce en mayor abundancia es el Tempranillo, una variedad muy querida por su capacidad de modular los sabores en función de si se trata de un vino joven o envejecido. A nivel general consiste en una bebida muy equilibrada a nivel de acidez y de graduación alcohólica, con un color rojizo intenso, un sabor delicado con toques afrutados y un cuerpo abundante y aterciopelado en boca.

Como curiosidad, decirte que los productores bajo esta Denominación de Origen exportan sus vinos a más de un centenar de países, lo que cada año se traduce en 386 millones de botellas comercializadas. ¡Cómo me gustaría quedarme con algunas!

Capítulo 2

Los diferentes tipos de uva (tinta)

Las numerosas variedades de uva son la clave que se esconde tras la diversidad de vinos a los que puedes optar hoy en día. Por ese motivo es importante que conozcas algunas de las más utilizadas, ya que sus características son decisivas a la hora de conocer las propiedades organolépticas del producto final.

En este segundo capítulo te contamos algunas de las variedades tintas más frecuentes, pero la lista completa es mucho más amplia. Cuando termines la lectura serás capaz de comprar un vino tinto con mayor conocimiento, y entendiendo por qué la materia prima que ha sido utilizada en su fabricación le ha aportado esos sabores y aromas tan interesantes. A continuación te presento un listado con las uvas tintas más queridas.

Uva Brancellao

Se trata de una variedad propia de Galicia y muy presente en las D.O. de Rías Baixas, Ribeira Sacra, Ribeiro y Valdeorras. Se caracteriza por crecer en racimos poco compactos y de tamaño medio, en los cuales el fruto crece de forma homogénea y ligeramente alargada o elíptica. También es conocida por nombres como «uva gallega» o «alvarello gallego».

Las bayas son de un color violeta con pigmentos blancos, con una pulpa prácticamente transparente y que contiene una gran cantidad de azúcar. La uva está conectada con el racimo mediante pedúnculos cortos y gruesos, que hacen difícil el despalillamiento. Su hollejo es grueso y abundante, con una gran cantidad de pruina: un recubrimiento similar al polvo que protege el fruto ante las amenazas de los insectos, del sol directo y de la lluvia.

uvas vino tinto
Foto: Tijana Drndarski (Unsplash)

Se utiliza tanto de manera individual como para complementar a otros mostos. Aporta una gran cantidad de acidez y complejos aromas herbáceos.

Uva Cabernet Sauvignon

Se trata de una variedad muy resistente a todo tipo de climas y suelos, lo que la ha convertido en una de las uvas más plantadas alrededor del planeta. De hecho, se calcula que ocupa hasta 341.000 hectáreas a nivel internacional. Originario de la zona francesa de Burdeos, este fruto resiste bien el frío y produce cosechas abundantes y frecuentes de elevada calidad.

Sus racimos son pequeños, homogéneos y bastante compactos, con un pedúnculo corto que permite desprender la baya con facilidad. Estas son igualmente pequeñas, de un color azulado muy intenso y con un hollejo o piel bastante grueso. La pulpa es algo dura y adquiere mayor coloración a medida que la uva madura.

A la hora de producir un vino tinto, la uva Cabernet Sauvignon da lugar a productos de una tonalidad muy oscura y con aromas intensos y austeros. Aporta fuertes toques de grosella, que se complementan con recuerdos de pimiento verde, menta, aceitunas y hierba.

Uva Garnacha

Disponible tanto en una variedad blanca como tinta, esta última es autóctona de Aragón y se cultiva en prácticamente toda España. También está presente en México, California, África del Sur, Australia y Chile, entre otros territorios.

Sus racimos son entre medianos y grandes, altamente compactos y con bayas esféricas y homogéneas. Estas tienen un tamaño mediano y un color que oscila entre el rojo y el violeta, con un hollejo muy fino y un pedúnculo corto de difícil desprendimiento. La pulpa es transparente, muy blanda y jugosa.

La uva garnacha, también conocida con nombres como «giró» o «vernassa», da lugar a vinos tintos con una importante graduación alcohólica. También se trata de productos de baja acidez y que envejecen rápidamente, marcados por aromas afrutados y con recuerdos a pimienta negra, frutas negras y ciruelas secas.

Uva Malbec

Aunque se trata de una variedad autóctona de Burdeos, hoy en día se cultiva mayormente en Argentina. Tiene numerosos nombres, por lo que en algunas ocasiones verás que se refieren a ella como «cot», «pressac» o «jacobina», entre otras muchas nomenclaturas.

El racimo crece hasta un tamaño entre pequeño y mediano, además de muy compacto y uniforme. La baya tiene un contorno redondeado y un tono negro azulado, con una piel gruesa y una pulpa transparente. Suele madurar de forma precoz y desprenderse fácilmente de su racimo.

Esta uva es la responsable de vinos tintos suaves y con poco aroma, aunque este resulta complejo y bastante distinto al de otros mostos más intensos. Suele emplearse en la producción de bebidas jóvenes.

Uva Mencía

Se identifica especialmente con la D.O. Bierzo, con prolíficos viñedos situados entre León y Zamora. Los racimos tienen un tamaño medio, con uvas que crecen de forma algo compacta y aspecto uniforme. Su piel tiene tonalidades muy oscuras que oscilan entre el negro y el azul. Ofrece bastante resistencia a la hora de separarlas del pedicelo.

vino tinto uvas 1
Foto: Katarzyna Korobczuk (Unsplash)

Las bayas tiene una pulpa jugosa y algo dura. Crecen con un tamaño pequeño una forma ligeramente alargada. Con todo, ofrecen plantaciones de maduración media y baja productividad.

La uva Mencía genera mostos de color moderadamente intenso y que se acentúa en los vinos tintos más envejecidos. Se caracteriza por aportar notas aromáticas y frutales a vinos ligeros y con una densidad aterciopelada en boca.

Uva Merlot

Aunque es de origen francés, la uva Merlot se ha extendido por todo el mundo y a día de hoy tiene una gran presencia en zonas como Australia y América. Sus racimos son medianos o pequeños, algo compactos y especialmente alargados, con un pedúnculo medio y un raspón de color intenso.

Las uvas en sí son pequeñas, homogéneas y ligeramente elípticas, con una piel gruesa de color negro azulado que contrata enormemente con su pulpa transparente. Resultan difíciles de separar de su racimo y generan cosechas de una producción reducida.

¿Cual es la diferencia entre un Merlot y un Malbec?
por Yo Sommerlier

Como pecualiaridad, la uva Merlot destaca por sus altos niveles de Resveratrol: una sustancia natural de probada eficacia a la hora de combatir ciertas enfermedades en el ser humano. Se utiliza tanto de forma única como para crear vinos tintos varietales, a los que aporta una escasa acidez y toques a frutos rojos, ciruelas, rosas y especias. Se caracteriza por desarrollar una graduación alcohólica elevada.

Uva Nebbiolo

Es una uva muy utilizada en las D.O. de Italia y su nombre tiene un bonito significado. Este procede del término italiano «nabbia» que significa niebla, y hace referencia a que su cosecha coincide con la época de nieblas en la zona originaria de Langhe.

Crece en racimos grandes, con bayas de tamaño generoso y poco homogéneo de un color que oscila entre el azul y el violeta. Su piel contiene pocos taninos, lo que da a lugar a vinos tintos de una tonalidad leve.

En la producción final del vino el grado de madurez de la uva altera notablemente los matices, aunque por lo general aporta toques de rosas, violetas, grosellas y hierbas salvajes. Produce bebidas ácidas y algo picantes.

Uva Pinot Noir

La gran calidad de los mostos que produce se complementa con una uva que es muy delicada, y que prefiere climas fríos y altitudes por encima de los 1.000 metros. Esta variedad se ha extendido a todo el mundo desde su lugar de origen en la Borgoña francesa, y también es conocida como «burgunder» o noirien», entre otros nombres.

Sus racimos son reducidos, muy compactos, cortos y uniformes, con bayas esféricas y difíciles de separar de su racimo. Las uvas tienen una intensa tonalidad negra o azulada y un hollejo grueso, que contrasta con una pulpa transparente, jugosa y blanda.

La Pinot Noir produce algunos de los vinos tintos más delicados que existen, con gran presencia en los crianza y unas propiedades organolépticas complejas. Aporta una acidez media y un color rojo brillante, así como recuerdos de fresas y frambuesas.

Uva Sangoviese

Una variedad de origen italiano cuyo nombre significa «sangre de Júpiter». Necesita temperaturas elevadas para madurar y tiene tendencia a la sobreproducción.

vinedos 1
Foto: Adele Payman (Unsplash)

Sus racimos son grandes, con uvas homogéneas, medianas o grandes, que crecen de forma bastante compacta. Su piel es gruesa y tiene un intenso color violeta, mientras que la pulpa de la baya es transparente y tiene un elevado grado de acidez. Tiene un nivel bajo de taninos, lo que da lugar a vinos tintos de un tono relajado.

Las condiciones de cada cosecha alteran considerablemente la calidad de la uva, por lo que se utiliza sobretodo en vinos varietales para darles un mayor cuerpo y aportar sus aromas a fruta fresca, fresas y violetas.

Uva Tempranillo

Se trata de una uva de gran importancia en España, especialmente bajo la D.O. La Rioja, aunque también tiene un papel fundamental en otras 37 Denominaciones de Origen de la península. Se la conoce igualmente por nombres como «cencibel», tinta de toro» o Santa Ana».

Sus racimos son grandes y compactos, con un aspecto homogéneo y un pedúnculo de tamaño medio. Las bayas oscilan entre el color negro y el azul oscuro, tienen un hollejo grueso y una pulpa especialmente blanda y carnosa. Madura de forma temprana y ofrece una buena producción.

A la hora de utilizarla para crear vinos tintos esta variedad aporta tonalidades de un rojo intenso, así como una acidez suave y aromas complejos a fresa, ciruela, vainilla y chocolate, entre otros. En boca tiene una presencia discreta y sedosa.

Uva Caladoc

Es una uva francesa surgida del cruce de las versátiles variedades Garnacha y Cabernet Sauvignon. Ofrece cultivos grandes y poco compactos, con uvas medianas y algo alargadas sujetas mediante un pedúnculo corto.

Las bayas destacan por la abundante cantidad de pruina, que oculta parcialmente su intenso color azul oscuro. Su hollejo es fino y la pulpa es transparente y jugosa. Suelen dar lugar a producciones frecuentes y elevadas.

La uva Caladoc produce vinos con una elevada graduación alcohólica, resultado de su alto porcentaje de azúcar. Aportan un sabor equilibrado y poco ácido, con recuerdos afrutados y toques finales a especias.

Uva Caiño Tinto

Una variedad gallega que también recibe otros nombres pintorescos, como «borrasao negro» o «caiño bravo». Sus racimos son pequeños y alargados, con bayas homogéneas y poco compactas difíciles de despalillar.

Las uvas son de un negro intenso, con un hollejo o piel grueso y una pulpa blanda y transparente. Tienen una maduración tardía pero crecen fácilmente en suelos de escasa fertilidad.

Los vinos tintos producidos por la Caiño Tinto son considerablemente ácidos y astringentes, con graduaciones alcohólicas elevadas y aromas intensos. Destacan por sus aromas florales y algo cítricos, con recuerdos a frutos rojos y un cuerpo ligero en boca.

Capítulo 3

Propiedades y características del tinto

En este tercer capítulo te enseñaré cuáles son las diferencias diferencias que convierten al vino tinto en un producto tan distinto a su homónimo vino blanco. También hablaré de las características de color, aroma y sabor que identifican de forma general al vino tinto, además de cuáles son sus propiedades y beneficios nutricionales.

Haré una pequeña introducción a la temperatura que debe tener para mantener al máximo sus propiedades organolépticas, así como la manera en que debe conservarse y consumirse en casa. Finalmente, verás las opciones de maridaje que tiene el vino tinto y de qué manera potencia y suaviza los sabores de los alimentos.

Al terminar este capítulo serás capaz de decidir correctamente qué vino quieres tomar en cada ocasión, en función de los aromas que buscas y de la situación en que va a ser degustado. También sabrás todo lo que puede aportar a tu salud y cómo tomarlo en las mejores condiciones.

Diferencias con el vino blanco

Aunque parezca una obviedad, la principal diferencia que presenta el vino tinto respecto al vino blanco es la tonalidad de la bebida. Pero… ¿a qué se debe esta diferencia en su coloración? La clave está en los taninos de la uva, una sustancia que se encuentra en la piel, en las pepitas y en el raspón. La cantidad de taninos determina el aspecto externo de la uva e influye en la reacción a los procesos de fermentación y maduración del mosto. De esta manera, la elevada concentración de taninos da lugar a la tonalidad rojiza tan característica del vino tinto.

Sin embargo, estos dos tipos de vino también presentan otras diferencias importantes. Una de las más evidentes la encontramos durante su proceso de elaboración: mientras que el vino tinto se macera a una temperatura de entre 24 y 26ºC, los vinos blancos lo hacen entre 17 y 19ºC. Esto responde a las distintas características de las uvas utilizadas en cada caso, y también determina aspectos como que los vinos blancos sean generalmente más ácidos.

mesa vinos blancos tintos
Foto: Zachariah Hagy (Unsplash)

Durante la producción también se generan diferencias derivadas del recipiente en que suelen madurar los vinos. Así pues, tenemos vinos blancos que han sido elaborados en cubas de acero inoxidable, donde tienden a desarrollar aromas suaves y florales. Por su parte, los vinos tintos maduran en barricas de roble con una mayor microoxigenación y donde se fomentan aromas frutales y tostados más intensos.

Algo similar sucede con los valores nutricionales de cada bebida. La mayor concentración de azúcar de las uvas que se utilizan en el vino blanco da lugar a productos con una mayor graduación alcohólica. Mientras tanto el vino tinto destaca por una gran concentración de vitaminas y minerales, lo que también le aporta más calorías.

Sensaciones en nariz y boca

Las propiedades de color, aroma y sabor del vino son las que dan lugar a un producto único. Aunque varían en función de la marca y de la procedencia del vino, e incluso según la añada de la cosecha y de la uva empleada, a continuación te explicaré las características generales que asientan las bases de lo que es el vino tinto.

Respecto al color, los vinos tintos se caracterizan por presentar varias tonalidades que oscilan entre un rojo oscuro o teja, hasta un tono más azulado o violáceo. Los valores intermedios son los más frecuentes y se corresponden con los colores cereza, granate o púrpura. El color nos dice muchas cosas sobre el tipo de uva que ha sido utilizada y sobre los tiempos de maduración del mosto. De hecho, los vinos tintos envejecidos o crianza pueden llegar a tomar un aspecto rojo intenso y brillante, que los convierte en todo un deleite para la vista.

En lo referente al aroma, el vino tinto tiende a evocar recuerdos vinculados a la fruta y a los frutos rojos. Aunque pueden aparecer en combinaciones prácticamente infinitas según las variedades de uva utilizadas en su elaboración, los aromas más frecuentes nos llevan a pensar en fresas, frambuesas, casis, moras, cerezas, violetas, pimientos verdes o trufas. También destaca la presencia de olores como la vainilla y la canela.

Finalmente, el sabor de los vinos tintos se caracteriza por notas intensas y profundas, de las que pueden extraerse numerosos matices a medida que avanzan por la lengua. Esta bebida tiende a los sabores amargos y ahumados, que a veces incluso evolucionan hasta lo ligeramente picante. En boca también despiertan la sensación de estar comiendo fresas o moras, aunque los vinos tintos más jóvenes incluyen sabores más cercanos a la manzana o al coco, entre otras frutas.

Propiedades

Hoy en día se ha demostrado que el vino tinto es mucho más que una bebida alcohólica recreativa. Más bien al contrario, son muchos los beneficios y propiedades que se esconden tras la toma de una sola copa al día. ¿Sabías que, por ejemplo, reduce considerablemente el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares?

Otro de sus beneficios probados, tal y como ha publicado la revista BMC Medicine, es su influencia a la hora de levantar el ánimo y de reducir el riesgo de depresión. De la misma forma investigadores como David Sinclair han demostrado que el resveratrol, una sustancia presente en la piel de las uvas tintas, frena el envejecimiento del organismo y mantiene el buen estado de los vasos sanguíneos. En las mujeres, además, el consumo moderado de vino tinto reduce el nivel de estrógenos y el riesgo de contraer cáncer de mama, según un estudio del Cedars-Sinai Medical Center.

propiedades vino tinto
Foto: Kym Ellis (Unsplash)

¡Pero todavía hay más! La Loyola University Medical Center encontró la relación entre el consumo de vino tinto y la prevención de la demencia, y en la Universidad de Barcelona se ha estudiado el papel de los flavonoides presentes en las uvas a la hora de tratar las quemaduras solares. Otros estudios también avalan su papel ante las enfermedades visuales, a la hora de combatir problemas cerebrovasculares o en la mejora del funcionamiento de los pulmones.

Finalmente, no quisiera terminar este apartado sin incluir la tabla nutricional del vino tinto:

  • Kcal (por 100 g): 70
  • Hidratos de carbono: 0,3 g
  • Calcio: 7,6 mg
  • Magnesio: 11 mg
  • Potasio: 93 mg
  • Fósforo: 14 mg
  • Vitamina B5: 0,09 mg
  • Ácido fólico: 1 mg

Temperatura

La temperatura es un factor clave durante todo el proceso de elaboración, conservación y consumo del vino tinto. Aunque no lo creas esta característica puede arruinar por completo la bebida, ya sea mientras se produce en la bodega como en el momento de almacenarla en casa o de abrirla para disfrutarla. Por ese motivo, en este apartado te contamos los aspectos de temperatura que debes tener en cuenta.

Conservación del vino tinto

Los vinos tintos se conservan de manera óptima entre 14 y 16ºC, aunque algunos productos pueden requerir algunos grados menos. Lo importante es mantener siempre una temperatura constante, a poder ser en el interior de una vinoteca o en una estancia que nunca supere los 20ºC.

También es muy recomendable que el vino que almacenemos en casa esté en lugar oscuro y donde no haya ruido ni vibraciones. La luz directa es uno de los peores enemigos del vino tinto, ya que atraviesa el vidrio de su envase y acelera la oxidación del producto. A poder ser, además, coloca la botella en horizontal para que el corcho se mantenga húmedo y no pierda volumen, lo que rompería el sellado de la botella.

Consumo

Otro momento crítico a la hora de que se mantengan todas las características organolépticas del vino tinto es durante su consumo. Este aspecto suele venir indicado en la botella por parte del propio fabricante, ya que varía considerablemente según las uvas utilizadas y el proceso de fabricación.

Por lo general, los vinos tintos jóvenes deben servirse a una temperatura de entre 12 y 15ºC, mientras que los vinos Crianza necesitan entre 14 y 17ºC. Los Gran Reserva, en cambio, requieren entre 16 y 20ºC.

La mejor manera de lograr ajustarse a estos parámetros es colocar la botella en un recipiente con hielo. Con este sistema se logra reducir la temperatura en apenas 4 u 8 minutos, mientras que si lo metemos en la nevera reducirá lentamente a lo largo de 20 o 40 minutos.

Maridaje

El maridaje de los vinos tintos es todo un mundo al que podría dedicar muchas páginas de la guía que tienes entre manos. Sin embargo, en este apartado te hablaré de las formas más frecuentes de maridar el vino tinto para sacar el máximo partido a esta bebida, pero también para disfrutar como nunca de los alimentos cuyo sabor ya creías conocer.

El alimento que probablemente combina mejor con el vino tinto es el queso. En este dúo sirve prácticamente todo: los quesos suaves e intensos, los de cabra y los de oveja o incluso los quesos azules. Ante una tabla de quesos variados, la mejor forma de proceder es empezar por los quesos y vinos tintos más suaves, e ir avanzando poco a poco hacia los sabores y aromas más intensos.

maridaje vino tinto
Foto: Chelsea Pridham (Unsplash)

El segundo alimento perfecto para el maridaje con vino tinto es la carne roja, preferentemente si ha sido cocinada a la brasa y no se le han añadido salsas ni sabores complementarios. Ante una chuleta o un solomillo la mejor opción es optar por los vinos complejos y densos en boca, como es el caso de los Reserva. También es posible escoger vinos tintos más jóvenes para acompañar carnes de cerdo y lechazo. En cualquier caso se sigue la misma lógica que en el caso de los quesos: a mayor intensidad del plato, mayor profundidad y envejecimiento del vino escogido.

En tercer lugar encontramos el pescado. Si bien es cierto que este alimento se ha asociado tradicionalmente al consumo de vino blanco, hay algunos productos que maridan mejor con su versión tinta. Es el caso de pescados con especial personalidad y sabor, como por ejemplo el salmón, el atún o la trucha. En este caso apuesta por opciones ligeramente ácidas y con una tonalidad más clara, propia de los tintos jóvenes.

El vino también tiene una gran capacidad para acentuar los sabores de la pasta. Presta especial atención a la salsa utilizada en estos platos, porque es la que determina la elección final. La salsa pesto y las opciones marineras es mejor reservarlas para el vino tinto; mientras que las salsas de queso, de setas o las boloñesas se complementan perfectamente con el vino tinto.

Con todo, cada variedad de uva tiene su propio maridaje predilecto. ¡Conocer la composición y elaboración de cada vino te ayudará a saber cuándo tomarlo! La uva Tempranillo, por ejemplo, es ampliamente utilizada para acompañar platos de cordero y asados, mientras que la Grenache aporta un toque algo picante que marida especialmente bien con los platos fuertes de carne. No tengas miedo a probar combinaciones antes de quedarte con la que mejor satisface a tu paladar.

Capítulo 4

La copa de vino tinto

Si, tal y te comentaba antes, la temperatura a la que se consume el vino es un aspecto importante a la hora de degustar todas sus propiedades organolépticas… ¡Lo mismo sucede con el recipiente! La copa de vino es un objeto que ha evolucionado mucho en los últimos años, mejorando con cada cambio y respondiendo siempre a nuestro interés por disfrutar todo lo posible de esta compleja bebida.

En este capítulo te explicaré en qué copa se sirve el vino tinto. Después, veremos poco a poco los tipos de copa que existen y cuál es su historia, qué propósito tiene cada una de ellas y para que vinos tintos específicos se recomienda. Al terminar este apartado serás capaz de elegir adecuadamente el recipiente en el que debe servirse cada vino tinto, y entenderás las mejoras y detalles que puedes percibir en él con solo cambiar la forma de la copa.

¿Cuál es la mejor copa?

El vino tinto se sirve en copas generalmente más anchas que las destinadas al vino blanco. Su cuerpo o cáliz es corto y ancho, con una forma abombada que permite que el líquido se asiente bien. Su aspecto redondeado también está pensado para girar el vino en su interior, favoreciendo así la liberación de sus aromas.

Al ser una bebida compleja y profunda, este tipo de copa favorece la dispersión de todas sus notas y crea una experiencia de degustación en varias etapas. De esta manera cada sorbo de vino nos deleita primero con su olor, para después ser disfrutado con su entrada en boca, con su avance por la lengua y finalmente con la sensación que nos deja en garganta.

Las copas de vino tinto deben llenarse aproximadamente a tres cuartos de su capacidad. Esto permite que la bebida se oxigene y que active sus propiedades organolépticas, pero también responde a un objetivo directamente relacionado con la manera en que bebemos.

El pequeño espacio que queda en la parte superior de la copa nos obliga a inclinarla para poder deslizar el vino hasta nuestra boca, y en este proceso el líquido también se acerca a la nariz. Por lo tanto, el vino viaja lentamente hacia el borde superior de la copa liberando sus aromas, que son detectados por el olfato incluso antes de dar el primer sorbo. ¿Sorprendente, verdad?

Diferentes tipos de copa

Con la proliferación de la cultura del vino y la combinación de un número creciente de tipos de uva para crear productos únicos, también ha crecido la investigación en torno a la forma de las copas que pueden emplearse en el consumo de vino tinto. Aunque comparten las características generales que te he explicado en el apartado anterior, cada una de ellas presenta algunas diferencias clave con el fin de adaptarse a variedades concretas de vino.

copa vino tinto 1
Foto: Carson Masterson (Unsplash)

Aunque no lo creas, los cambios sutiles en la altura y anchura del cáliz y de la boca de la copa generan grandes diferencias a la hora de saborear un buen vino. Los principales tipos de copa para vino tinto que existen hoy en día son los siguientes:

  • Copa Impiyotable
  • Copa de Tulipa
  • Copa Borgoña
  • Copa Burdeos
  • Copa Jerez
  • Copa Cabernet Sauvignon

Copa Impiyotable

Está pensada para los vinos tintos más jóvenes. La parte inferior del cáliz es bastante ancha, pero sube estrechándose rápidamente hacia una boca bastante cerrada. Está pensada para evitar el movimiento excesivo de los vinos menos complejos e intensos, donde una mayor oxigenación provocaría que los aromas se perdieran antes de llegar a nuestra boca.

La copa Impiyotable es una derivación de las copas altas y estrechas que se emplean para los vinos blancos. Ofrece un recipiente a medio camino hacia las copas de balón más características del vino tinto, adaptándose a aquellas bebidas con propiedades organolépticas más delicadas y sutiles.

Es un formato muy utilizado en las catas profesionales, ya que su escasa abertura concentra todas las propiedades organolépticas y permite que un experto detecte cualquier nota disonante o derivada de un descuido durante la elaboración de la bebida.

Copa de Tulipa

Es una de las más utilizadas en todo el mundo debido a su gran versatilidad. Está disponible en dos medidas, en función de si se emplea para el consumo de vino tinto o de vino blanco. En el primer caso se trata de un recipiente más amplio, con un aspecto ligeramente alargado y con tendencia esférica. Su fondo curvado permite que el líquido desarrolle todos sus sabores, ampliándolos antes de deslizarse hacia la boca.

Se trata de una copa poco específica, que funciona bien tanto con vinos tintos jóvenes como con crianzas. Pero no sería la más adecuada para disfrutar de un Gran Reserva con un sabor potente y una amplia diversidad de aromas, ya que estos liberan mejor sus características en copas grandes y abombadas.

La copa Tulipa es conocida como el recipiente que está presente en todas las viviendas donde se realiza un consumo ocasional de vino, ya que permite degustar en buenas condiciones variedades muy dispares de esta bebida y elimina la necesidad de tener numerosos tipos de copas en casa.

Copa Borgoña

Sin duda alguna, una de las mejor adaptadas al consumo de vino tinto. Se trata de una copa grande con un cáliz generoso y una boca amplia, que se complementa con un tallo largo y adecuado para no calentar el vino al coger el recipiente. En conjunto, prácticamente podría considerarse una esfera truncada por la parte superior.

Tal y como su nombre indica, esta copa surgió para disfrutar los vinos tintos fabricados en la borgoña francesa. Es especialmente adecuada para los Pinot Noir: los que desgrana poco a poco para que resulten ligeros en un primer momento, mientras que sus aromas se intensifican progresivamente al mantener el líquido durante unos segundos en boca.

Tipos de Copas
por Yo Sommelier

Se considera un recipiente perfecto para que se dispersen y oxigenen los aromas, revitalizando especialmente aquellos vinos que han madurado en barrica de roble. También es muy recomendada a la hora de degustar un Rioja, un Ribera o un Priorato, ya que todos ellos comparten un sabor complejo y una textura untuosa.

Copa Burdeos

Otra de las copas que se desarrolló para la cata de vinos tintos, y más concretamente para el disfrute de las variedades elaboradas en el Burdeos francés. Se diferencia de la Borgoña en que presenta un aspecto algo más alargado y esbelto, junto a una parte superior ligeramente más abierta. Funciona realmente bien con vinos de sabor y color intensos, ya que su forma abombada permite que el vino entre en abundancia en la boca y se extienda sobre las papilas gustativas de toda la lengua.

Al repartirse más uniformemente en boca en vez de concentrarse en un único punto también se reduce la percepción de su acidez, haciendo más estables estos vinos de personalidad fuerte. Quienes quieren notar todas sus características sabor, además, tienen la opción de agitar la copa para reanimar los aromas.

La copa Burdeos se recomienda tanto para vinos tintos jóvenes como crianza, y resulta la manera óptima de consumir las variedades elaboradas con uva garnacha o tinta fina, entre otras.

Copa Jerez

Siguiendo con la tradición de las copas que han sido creadas para potenciar las propiedades de unos vinos concretos encontramos la copa Jerez. Tal y como su nombre indica, es especialmente adecuada para los productos fabricados en Jerez e incluso en toda Andalucía, donde los vinos tintos se caracterizan por una marcada fermentación maloláctica y una oxidación elevada.

Se trata de una copa bastante distinta a las que hemos visto hasta ahora, con un aspecto mucho más reducido, de escasa altura y con un cáliz alargado y corto. Su boca amplia permite que los aromas salgan de forma voluptuosa, favoreciendo un consumo rápido pero intenso.

Otro aspecto que la hace especial es el grosor de su cristal. Mientras que la mayoría de copas recurren a vidrios finos que no alteran la temperatura del vino, la copa Jerez apuesta por un material más grueso y orientado a tomar la bebida entre fría y templada.

Copa Cabernet Sauvignon

Un recipiente muy similar a la copa Burdeos, pero algo más pequeña, estilizada y pensada para los vinos tintos ligeros y atemperados. Aunque su origen la vincula a una variedad de vino francesa también es muy querida en España, donde se utiliza sobretodo para el consumo de productos con las Denominaciones de Origen Penedés, Ribeira Sacra y Rías Baixas.

Su cáliz es de tamaño medio y ligeramente alargado, lo que reduce el calentamiento del vino en su interior. Esto lo hace perfecto para las variedades que deben consumirse a temperaturas más bajas, a las que además aporta una menor cantidad de oxigenación y reduce la dispersión de sus sutiles aromas.

La forma de la copa Cabernet Sauvignon también ensalza los toques frutales de los vinos tintos, lo que intensifica y equilibra su sabor generalmente áspero.

Capítulo 5

Tipos de vino tinto

El vino tinto es un concepto bastante general y que engloba una gran cantidad de bebidas más específicas. Aunque todas ellas se caracterizan por tener unos atributos similares y una característica tonalidad entre rojiza y violácea, lo cierto es que cada tipo de vino tinto es un mundo aparte y debe ser estudiado por separado.

En este capítulo te hablaré acerca de las distintas clasificaciones de vino tinto que existen. Para ello tendré en cuenta una gran variedad de parámetros, que incluyen desde el método de elaboración hasta los rasgos de sabor y aroma que lo definen, pasando por el momento en que se consume o la cantidad de alcohol que posee, entre otros aspectos.

Al terminar este capítulo serás capaz de definir correctamente cada vino tinto que tengas en la mano, entendiendo que existe una variedad adecuada para cada situación de consumo y que cada uno se ha concebido en busca de un objetivo distinto.

Según el proceso

Como ya vimos al iniciar esta guía, la elaboración por la que pasan los vinos tintos es un aspecto decisivo a la hora de definir el producto final. Los tiempos de fermentación y de posterior maduración en barrica desarrollan cada bebida de manera más o menos compleja, potenciando sus aromas y tonalidades a medida que el producto envejece.

Según el tipo y duración del proceso de elaboración, los vinos tintos se clasifican en jóvenes, crianza, reserva y gran reserva. A continuación veremos cada una de estas modalidades en detalle para entender qué los hace tan únicos y distintos entre ellos.

Vino tinto joven

Son los vinos tintos con una producción más corta, hasta el punto de que suelen salir al mercado apenas 4 o 5 meses después de la cosecha de las uvas. Su rasgo más característico es que no han pasado por la fase de maduración en barrica, sino que el mosto fermentado en las cubas de la bodega avanza directamente hacia su embotellamiento.

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Foto: Louis Hansel (Unsplash)

En algunos casos estos vinos pasan por lo que se denomina una maceración carbónica, que consiste en hacerlos fermentar directamente desde el racimo y sin despalillar. Este proceso aprovecha el propio CO2 que desprende la materia prima para crear un entorno de fermentación pobre en oxígeno, en un recipiente sujeto a unos 30ºC de temperatura y durante un tiempo aproximado de siete días.

Estas diferencias en su elaboración hacen que los vinos tintos jóvenes sean especialmente afrutados y que dejen sensaciones sutiles y suaves. En ellos no se han desarrollado por completo las propiedades organolépticas de las uvas empleadas, lo que da lugar a notas alegres, ligeras e incluso algo frescas. Se consideran vinos sencillos y perfectos para tomar solos, en una ocasión informal o durante un aperitivo.

Vino tinto de crianza

A la hora de hablar de vinos tintos de crianza, lo primero que debes saber es que son productos que ya han pasado durante un mínimo de 24 meses de envejecimiento. Este tiempo puede dividirse de maneras distintas, pero el requisito imprescindible para que reciban esta nomenclatura es que hayan estado al menos 6 meses en barrica. El resto del tiempo suele basarse en una consolidación del vino en su propio botella, aún en el interior de la bodega y con condiciones de temperatura y humedad controladas.

Estas características hacen que salgan al mercado unos 3 años tras la cosecha de sus uvas. Su sabor y aroma es algo más intenso que el de los vinos jóvenes, de manera que las primeras notas frutales se complementan con sutiles toques florales o herbáceos. También presentan algo menos de acidez.

Vino tinto reserva

En tercer lugar tenemos el vino tinto reserva, cuyo periodo de envejecimiento es de unos 36 meses, siendo necesario que al menos 12 de ellos hayan sido en el interior de una barrica. Durante todo este tiempo de maceración el vino se vuelve más complejo y profundo, a medida que se asientan sus aromas y se transfieren una gran cantidad de sabores procedentes de la barrica.

Al llegar al mercado, este vino tinto es un producto de valor y que ya puede alcanzar un precio elevado. Con solo abrir la botella ya es posible percibir una gran cantidad de aromas que se han consolidado en perfecto equilibrio. Al degustarlo en boca, ofrece un nivel moderado de acidez y una textura densa y voluptuosa.

Vino tinto gran reserva

Por último encontramos los vinos tintos gran reserva, un producto que ha pasado un mínimo de 60 meses madurando y envejeciendo en la bodega bajo la atenta mirada de un enólogo. Para que se les otorgue esta etiqueta, además, se requiere que hayan pasado al menos 18 meses en el interior de una barrica. La calidad de estos vinos hace que la mayoría de productores apuesten por las barricas de roble francés, con una madera muy querida y capaz de transferir aromas de manera lenta y delicada.

Sus aromas y sabores son complejos y permanecen largo tiempo en boca, con recuerdos que van desde los frutos rojos hasta las flores, pasando por las especias o la vainilla, entre muchos otros. Para lograr un resultado óptimo es imprescindible un cuidado proceso de trasiego en la bodega, mediante el cual el experto separa regularmente el líquido de los sedimentos que van acumulándose en el fondo de la barrica.

Vino rosado

Los vinos rosados son un tipo de vinos tintos de escasa coloración, lo que les aporta un color rosáceo o incluso tirando a amarillento. Esto es el resultado de un proceso de maceración de apenas uno o dos días. En los vinos tintos esta fase de elaboración deja que el mosto permanezca en contacto con los hollejos y otros restos herbáceos, que poco a poco transfieren su característica tonalidad rojiza o violácea a la pulpa de la baya.

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Foto: Jez Timms (Unsplash)

Al reducir al mínimo este proceso, lo que se consigue en un vino de aspecto tan delicado como sus aromas. Se trata de un producto suave y muy querido durante los meses de altas temperaturas, con un sabor fresco que recuerda a los vinos blancos pero con un cuerpo más notable y con mayor capacidad para permanecer en boca.

Sin embargo, también hay un segundo proceso mediante el cual se consiguen vinos rosados: el sangrado. Este nombre hace referencia a la separación de parte del vino tinto que está fermentando en una fase temprana, de manera que el enólogo reduce la cantidad de mosto disponible y este concentra más sus taninos y aromas. El líquido que ha sido eliminado de la producción principal puede transformarse mínimamente hasta acabar convertido en vino rosado.

En los últimos años esta variedad se ha popularizado sobretodo en Francia, donde se ha consolidado como una excelente opción para degustar su amplia tradición de quesos.

Vino tinto afrutado

Aunque hay quien habla de vinos tintos afrutados para asegurarse de adquirir una bebida con el sabor que está buscando, lo cierto es que esta variedad se corresponde a menudo con los vinos tintos jóvenes. Destacan por ser ligeros y agradables en boca, con una acidez moderada y marcados recuerdos a frutos del bosque, frutas rojas, cerezas, vainilla o incluso regaliz.

Suelen tener un toque especiado y cálido, que los hace igualmente adecuados para tomar solos o junto a un aperitivo. Encajan especialmente bien con el maridaje de quesos, embutidos y patés, ya que dejan un leve recuerdo frutal que potencia los sabores de estos alimentos. De la misma forma que sucede con los vinos tintos jóvenes, a menudo han superado una fase de maceración carbónica.

Existen algunas variedades de uva especialmente adecuadas para la producción de vinos tintos afrutados. Entre ellas destaca la uva Tempranillo, con una gran presencia en las Denominaciones de Origen La Rioja y capaz de aportar interesantes notas de ciruela y cereza. También se utiliza mucho la uva Garnacha tinta, gracias a su capacidad para generar recuerdos a frambuesa y mora.

Si eres aficionado a este tipo de producto, te recomiendo probar igualmente los vinos que utilizan uva Syrah y Pinot Noir: la primera de ellas incorpora importantes aromas a fresa y frutas del bosque, mientras que la segunda sorprende por sus recuerdos a ciruela y notas florales.

Vino tinto especiado

También es conocido como vino caliente debido a la temperatura a la que se consume. Esta variedad de vino tinto tiene un gran consumo durante los meses más fríos, e incluso forma parte de la tradición de bebidas tradicionales que se toman durante la Navidad. Se trata de una alteración respecto al vino tinto habitual, ya que al terminar su producción se le añaden toda una serie de ingredientes para alterar considerablemente su sabor.

Así pues, el vino tinto especiado se suele añadir en un cazo junto a una cantidad considerable de canela, limón, anís y clavo, aunque cada territorio lo fabrica con algunas variaciones. Una vez están todos los ingredientes juntos se enciende el fuego y se deja calentar, aunque siempre hasta un punto previo al hervor. Finalmente, se le añade una cantidad de azúcar al gusto y se sirve en vasos.

Lejos de ser un vino para maridar una comida y ensalzar los sabores de los alimentos, el vino tinto especiado cuelga de una tradición mucho más social y unida a las ferias y eventos a pie de calle. Se trata de una bebida asociada a la idea de calentar el cuerpo mientras nos los pasamos bien en compañía de amigos, familiares… ¡o incluso de los desconocidos con los que hemos coincidido en aquel momento y lugar!

Vino tinto balsámico

El concepto de vino tinto balsámico va asociado a aquellas variedades que destacan por un aroma intenso pero fresco, capaz de revitalizarnos y de activar nuestro organismo. De hecho, la palabra «balsámico» define aquel objeto o producto con propiedades expectorantes o cicatrizantes positivas para la salud. En el caso del vino, este concepto se centra en la sensación agradable y despejada que deja al pasar por la garganta.

Se trata trata generalmente de vinos de crianza con una gran peculiaridad: que han sido envejecidos bajo la luz directa del sol. Esto parece ir en contra de todo lo que has aprendido hasta el momento sobre el proceso de elaboración de los vinos y sobre los cuidados que aseguran la obtención de una bebida pura y sin sabores desagradables.

Sin embargo, ciertos vinos tintos pueden alterarse mediante la luz solar para generar aromas que sería imposible conseguir de otra manera. Entre ellos destacan los recuerdos a pino, eucalipto, resina y enebro, entre otras variedades de hierbas y especias. Suele tener un color brillante con tendencia hacia las tonalidades marrones, con un sabor agridulce y una graduación alcohólica baja.

Otra peculiaridad de estos vinos es que constituyen la base sobre la que se producen una amplia variedad de vinagres de vino. Estos mantienen parte de sus aromas amaderados y los aportan directamente mediante el aliño en los platos que comemos.

Vino tinto para cocinar

Tal y como su nombre indica, se trata del vino que utilizamos para cocinar. Este producto se añade durante el proceso de elaboración de la comida, directamente en la olla o sartén con la que estemos trabajando y donde ya tengamos una buena base de ingredientes. Al cocinarlo pierde su graduación alcohólica, a la vez que baña todos los alimentos con el sabor único y característico del vino tinto.

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Foto: yvonne lee harijanto (Unsplash)

A la hora de cocinar con esta bebida, es igual o más importante que nunca tener presentes los aromas del producto y asegurarnos de que maridan correctamente con lo que vamos a preparar. También es esencial seguir algunos consejos, como cocinar el vino a fuego lento para que no dañe sus sabores o dejar que forme parte de la cocción durante un mínimo de 15 minutos, ya que un tiempo inferior no permite que los alimentos se impregnen totalmente con sus aromas.

Vinagre de vino tinto

El vinagre de vino tinto es un producto totalmente distinto al vino, pero lo cierto es que depende de este para su elaboración. Se caracteriza por un sabor más intenso y ácido que el de los vinagres de arroz o de manzana, lo que lo convierte en una buena opción para aliñar alimentos suaves como ensaladas y recetas de aves.

Para su fabricación se parte de un vino tinto terminado y se lo somete a un nuevo proceso de fermentación acética, donde las bacterias del tipo Acetobacter transforman el alcohol del vino en ácido acético mediante un proceso de oxidación. Con todo, la gran carga microbiana de este vinagre también lo convierte en una opción perfecta para la conservación de alimentos.

Vino tinto sin alcohol

El proceso de fermentación del mosto transforma el azúcar de las uvas en alcohol, por lo que no es posible conseguir un vino tinto que se produzca directamente sin alcohol. Sin embargo, y debido a que el mercado ha empezado a demandar este tipo de bebidas para quienes quieren disfrutar de los sabores del vino sin necesidad de ingerir alcohol, los enólogos han dado con sistemas para la extracción de la graduación alcohólica del producto terminado.

Así pues, se les somete a un proceso de desalcoholizado que puede seguir varios métodos. Uno de los más frecuentes es la osmosis inversa, mediante la cual el etanol del vino se separa del resto de compuestos gracias a la hidratación y disolución de las distintas moléculas de la bebida. Si te interesa el tema, también puedes consultar cómo se quita el alcohol mediante los procesos menos frecuentes de crear columnas de conos rotantes o de la liofilización.

Sangría de vino tinto

De forma similar a lo que sucedía con el vino tinto especiado, la sangría es una bebida alcohólica que combina un vino terminado con otros ingredientes. Es muy popular en la cultura española, en la que se asocia al consumo de grandes jarras entre grupos de amigos y familiares. Está muy presente en todo tipo de fiestas y celebraciones, donde es demandado por su sabor fresco, ligero y afrutado.

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Recetas. Tinto de verano. Sabor en la mesa. Cocina facil.
por Sabor en la mesa

La sangría se produce a partir de una concentración mínima del 50% de vino tinto. Sobre esta base se añaden proporciones variables de agua, gaseosa, zumo, licor, azúcar y fruta fresca, entre la que destaca la lima y el limón. Se consume bien fría al momento de hacerla, aunque si se deja macerar entre 2 y 3 horas puede presentar un sabor más intenso y complejo.

Tinto de verano

Finalmente, quiero hacer una mención especial a lo que se conoce como tinto de verano. Esta bebida derivada del vino tinto se considera también un combinado, ya que supone la mezcla de dos bebidas terminadas: normalmente, el vino junto una proporción variable de gaseosa o de refresco de limón. También es frecuente añadirle una rodaja de limón fresco como forma de potenciar su frescura.

Es una bebida muy querida durante los meses de más calor y se caracteriza por un sabor ácido y afrutado. La elección que hagamos en torno al vino puede modificar considerablemente sus características, siendo los más recomendados los vinos jóvenes y los elaborados con uva Tempranillo o Syrah.

Capítulo 6

El vino tinto en Galicia

Una vez hemos visto todo lo que rodea al mundo del vino tinto, es el momento de que te hable de algunas de las increíbles variedades que se producen en España. Para este capítulo quiero centrarme en los principales vinos tintos gallegos, uno de los productos gastronómicos más queridos tanto dentro como fuera del territorio.

A continuación veremos las características, la geografía, la historia y algunas curiosidades de cinco bebidas gallegas que cualquier aficionado al sector debería conocer. Cuando termines la lectura del capítulo se te habrá despertado el gusanillo de probar estos vinos tintos, y serás capaz de hacerlo con consciencia plena en torno a toda la tradición y trabajo que cada uno de ellos esconde tras la botella que llega a tus manos.

Vino Broa

Se trata de una pequeña producción que tiene lugar bajo la Denominación de Origen Ribeira Sacra. La bodega fue fundada en 2008 por Bruno Lovelle, quien ya trabajaba como sumiller… hasta que decidió dar un paso más allá. Desde bien pequeño vivió la relación con el vino a través de su abuelo, quien elaboraba la bebida en casa para el consumo propio y de la familia.

Lo que empezó como un proyecto de autoconsumo fue evolucionando poco a poco hacia lo que actualmente es una empresa que distribuye unas 1.000 botellas de vino tinto anuales. Su viñedo está situado a las orillas del río Miño, concretamente en una ladera de suelo granítico en Santiorxo. La producción se centra sobretodo en el uso de las uvas Mencía, Garnacha tinta y Tempranillo, que maduran en barricas de roble francés y dan lugar a vinos jóvenes o crianza.

Los vinos tintos Broa tienen una composición de hasta el 80% de uva Mencía, lo que les aporta un color rojo con reflejos rosados y un aroma intenso a frambuesa y frutos rojos. Su fondo también hace pensar en especias y en cacao. Son vinos con un cuerpo en boca ligero y sedoso, con un grado equilibrado de acidez y complejos recuerdos frutales y dulces. Tienen una graduación alcohólica de un 13% y deben servirse a 16ºC.

En el maridaje se recomiendan para acompañar a carnes rojas y de caza, pero también a guisos, quesos y postres con cacao.

Vino José Arístegui

El amor por el vino que tiene detrás ha pasado de generación en generación, hasta el punto de que los viñedos fueron plantados en los años 30 por el abuelo del propietario actual. Como sucedía frecuentemente en la zona, no fue hasta mucho más tarde que la elaboración de la bebida se convirtió en una empresa para la distribución del producto fuera de la familia. Esto explica el por qué la bodega fue fundada en el año 2011.

Los vinos José Arístegui forman parte de la D.O Valdeorras y cada año se elabora una producción limitada de 2.000 botellas, que van destinadas a un público de poder adquisitivo medio o alto. Produce tres tipos de vinos tintos a partir de las tres variedades de uvas que se cosechan en sus viñedos: la Mencía, la Godello y la Garnacha tinta.

Aunque cada variedad presenta características algo distintas, los vinos tintos de esta bodega se definen por un color rojo limpio y brillante y aromas de intensidad moderada. Entre los más frecuentes se encuentran los recuerdos florales, especiados y herbáceos, con notas tostadas y a fruta negra. Son bebidas generalmente dulces y con una acidez equilibrada, con sabores complejos pero que avanzan de forma fresca en boca.

Vino Abadía de Gomariz

Se trata de un producto que surge de los viñedos ubicados en el coto de Gomariz, ni más ni menos que la zona vinícola más antigua de toda nuestra península. De hecho, su historia viaja hasta la cesión del territorio por parte del rey Alfonso I en el año 756. En la actualidad pertenece a la familia Carreiro y a Xose Lois Sebio, quien es el director y enólogo de las instalaciones.

Sus viñedos ocupan 57 hectáreas distribuidas a lo largo del Valle del Avia y de Gomariz, con distintos tipos de suelos que van desde las arenas graníticas hasta los esquistos y la arcilla. Desde 2014 los viñedos se trabajan mediante un sistema revolucionario de cultivo ecológico y biodinámico, y se aplican en ellos multitud de ideas tomadas del agricultor japonés Masanobu Fukuoka. Esto les ha valido el reconocimiento e interés tanto nacional como internacional, hasta el punto de que cada año producen más de 20.000 botellas.

Los vinos tintos Abadía de Gomariz destacan por sus características equilibradas y por los recuerdos minerales. En su composición predomina la presencia de la uva Sousón, que se complementa con las variedades Brancellao, Mencía y Ferrol. El color de la bebida oscila entre el rojizo y el púrpura, mientras que su aroma trae recuerdos picantes, a cereza y a cassis. Su toque amargo cambia a medida que se oxigena en la copa, dando lugar a recuerdos más dulces y a una densidad en boca más larga.

Vino Viña Meín

Se trata de un vino cosechado en el Valle del Avia, una de las zonas vinícolas más ricas y fértiles de la Península Ibérica. La bodega surgió con el objetivo de recuperar un vino blanco autóctono que había tenido mucho éxito hasta el siglo XVII, pero lo cierto es que hoy en día su variedad más querida y valorada es la tinta.

La finca de Meín data del siglo XI y es donde empezó a formarse lo que hoy conocemos como la D.O. Ribeiro. Aún se cultivan las mismas 16 hectáreas que fueron plantadas por primera vez por los monjes de aquel entonces, quienes escogieron una fructífera ladera que recibe una considerable luz solar durante las horas del mediodía. La bodega actual pertenece a la familia Ruiz Aragoneses, quien decidió adquirirla en 2019 para añadirla a sus otras fincas vinícolas.

Los vinos tintos Viña Meín se producen con un porcentaje de hasta el 75% de uva Caíño longo, que suele complementarse con variedades como la Brancellao. Su proceso de elaboración destaca por la maduración en barrica de roble durante 11 meses antes de su embotellado. Tienen un aspecto rojo oscuro y un aroma floral y especiado. Su presencia en boca es larga y densa, lo que le permite desarrollar sus recuerdos tostados y ahumados a medida que avanza por la lengua.

Vino Val de Souto

Una bodega con más de seis generaciones de historia, que se remonta al regreso del teniente D. José Novoa tras la guerra en el año 1840. Hasta el cercano año 2002, sin embargo, el negocio se centraba en la venta de la uva que había sido directamente recogida de los viñedos. A día de hoy la bodega y sus terrenos están gestionados por una única persona: el enólogo José Manuel Blanco.

Los viñedos se encuentran situados en el Castrelo de Miño y ocupan 2,5 hectáreas de gran productividad, de manera que son capaces de generar hasta 38.000 litros de vino al año. De los cinco productos distintos que embotellan dos de ellos pertenecen a variedades tintas, que se producen mediante la combinación en diferentes proporciones de las uvas Mencia, Caiño y Brancellao. Todas ellas salen al mercado con el sello de la D.O Ribeiro.

Los vinos tintos Val de Souto destacan por su aspecto brillante, de una tonalidad que oscila entre el rojo y el violeta. Sus aromas son muy intensos y generan potentes recuerdos de cereza, granada y frambuesa. En boca se muestra sedoso y mantiene sus valores frutales, dejando recuerdos dulces y con toques a tostado y madera.

Capítulo 7

Otros vinos tintos

Si en el capítulo anterior te hablé de los vinos tintos gallegos que se han dado a conocer por su calidad y peculiaridades, a continuación quiero que sepas más sobre otros vinos internacionales que indudablemente deberías probar. Se trata de cinco marcas que destacan por sus sabores únicos, por el origen de su materia prima o incluso por la historia que tienen detrás. ¿Te animas a descubrirlas?

Al terminar este capítulo querrás lanzarte a probar productos fabricados fuera de nuestro país. Con los conocimientos que ya posees, además, serás capaz de percibir las características organolépticas de estas bebidas y de compararlas con las que se elaboran en Galícia y en la Península Ibérica.

Vino Château Margaux (Francia)

Con una historia que se remonta al siglo XII, las primeras plantaciones de sus viñedos se destinaban a la fabricación de cereales. No fue hasta el año 1.771 que su propietario mostró interés por la elaboración de vinos tintos, que desde un primer momento captaron la atención de personalidades como el ministro Robert Walpole o el presidente Thomas Jefferson. El propietario actual del negocio es la familia Mentzelopoulos.

Los viñedos del Château Margaux ocupan unas 90 hectáreas en torno al gran estuario de la Gironda. Crecen sobre un terreno de grava de gran productividad y capaz de generar más de 30.000 botellas cada año. La uva que ocupa el 75% de sus plantaciones es la Cabernet Sauvignon, que convive con porcentajes menores de uva Merlot, uva Cabernet Franc y uva Petit Verdot. Los productos de esta bodega salen al mercado bajo la Denominación de Origen Margaux y se consideran parte de los más caros del mundo: el valor medio de su botella es de unos 800 €.

Los vinos tintos Château Margaux llevan el honorífico sello de «Premier Grand Cru», un reconocimiento que está limitado a solo a unos pocos privilegiados. Destacan por sabores muy equilibrados e intensos, que se han ido formando durante 24 meses de envejecimiento en barrica de roble francés. Entre sus aromas destacan los recuerdos a fresa silvestre, grosella roja, cedro y rosas, que avanzan elegantemente por la lengua y despliegan poco a poco todos los matices.

Vino Felton Road (Nueva Zelanda)

Una marca que surge en el año 1.991 en las laderas de Felton Road, en Bannockburn. A diferencia de lo sucedido en muchas otras bodegas actuales, cuyo negocio derivó en la producción de vino de forma más o menos inconsciente, en este caso se buscó una zona específicamente prolífica a la hora de albergar una extensión de viñedos. Estas laderas eran un terreno cálido, rodeado de montañas y cercano a una presa, con un suelo bien drenado que resultó ser óptimo para el cultivo de las uvas Pinot Noir, Chardonnay y Rieslin.

La bodega actual es gestionada íntegramente por el enólogo Gareth King y un pequeño equipo de especialistas, que trabajan en 4 áreas independientes de viñedos identificados con los nombres de «MacMuir» (con una extensión de 5,1 hectáreas), «The Elms» (14,7 hectáreas), «Calvert» (4,6 hectáreas) y «Cornish Point» (7,6 hectáreas). Su principal peculiaridad es que todas ellas se trabajan mediante un sistema de cultivo orgánico y biodinámico, lo que a su vez se basa en un constante trabajo manual.

En lo relativo a sus vinos tintos, estos destacan por ser muy aromáticos y profundos. En su elaboración se realiza solo un despalillado parcial de los racimos, dejando un 25% de ellos enteros para potenciar los aromas y colores del producto final. Al proceso de envejecimiento de 16 meses en barrica de roble le sigue un volcado en botella sin clarificar. Todo ello da lugar a un vino jugoso con recuerdos a flores, a fruta oscura y a especias, que se complementan con un fondo mineral.

Vino Ridge (Estados Unidos)

Una peculiar bodega situada en Santa Cruz Mountains, en California. Su historia empieza en el año 1.885 con la compra de apenas media hectárea de terreno por parte de Osea Perrone. Desde entonces ha tenido numerosos propietarios, hasta llegar a la gestión actual por parte del enólogo Eric Baugher. La bodega saltó a la fama con su participación en el año 1.976 en el evento «The Paris Wine Tasting», que conmemoraba el Bicentenario de Estados Unidos.

Sus productos siempre han estado marcados por una filosofía de intervención mínima en los procesos naturales de los viñedos y de las uvas. Por este motivo no añaden levaduras extra a los procesos de fermentación del mosto, de la misma forma que no realizan procesos de filtrado y de clarificado sobre el vino terminado. Sus viñedos incluyen plantaciones de las uvas Chardonnay, Zinfandel, Merlot y Petite Sirah, que combinan para elaborar hasta 17 tipos de vino distintos.

Aunque presentan importantes diferencias entre ellas, sus variedades tintas destacan por los aromas cercanos al cassis, al regaliz, al roble y al arándano, con sabores que combinan las frutas maduras con las especias y la madera tostada. En boca son largos y complejos, con un manto de sensaciones delicadas que se extienden exponencialmente sobre la lengua.

Vino Sassicaia (Italia)

Una bodega que surge del sueño de juventud del marqués Mario Incisa della Rocchetta, quien desde siempre había idealizado los vinos del Burdeos francés. Fue la primera persona en tratar de imitarlos en Italia, para lo que se decidió a plantar unos esquejes de las uvas Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc. Para ello escogió la zona de Bolgheri, cuyo suelo de grava tenía características similares a la de aquel donde crecían los viñedos franceses que tanto envidiaba.

Las primeras botellas de la marca se lanzaron en el año 1.968, llamando la atención de críticos y enólogos como Gino Veronelli. A día de hoy su fama le ha permitido reunir hasta 75 hectáreas de viñedos de las cepas iniciales, que cada año dan lugar a miles de botellas reconocidas bajo la D.O. Bolgheri Sassicaia. No en vano, todas las uvas son cosechadas manualmente días antes de su completa maduración y deben superar meticulosos controles de calidad.

Los vinos tintos Sassicaia están formados por un 85% de uva Cabernet Sauvignon en combinación con la uva Cabernet Franc. Su maduración dura 24 meses en el interior de barricas de roble francés, a lo que se añade un envejecimiento posterior y variable en su propia botella. Todo ello da lugar a productos de un color rubí o granate intenso, con marcados aromas a flores y a moras. En boca resulta algo seco y robusto, con capacidad para dejar un recuerdo duradero.

Vino Penfolds (Australia)

Una marca que se ha convertido en un referente del sector en un país donde apenas existe tradición vinícola. Sus orígenes se remontan al año 1.844, cuando el inglés Dr. Christopher Rawson Penfold se mudó al territorio y compró una pequeña cantidad de viñedos de uva Garnacha. En un primer momento, sus productos eran recetados como remedio para la anemia.

La compra progresiva de más viñedos y el lanzamiento del vino tinto Grange en 1.951 les trajo la fama internacional. Hoy en día la empresa abarca la producción de 220 viñedos independientes, donde se pide a cada enólogo que investigue frecuentemente nuevas posibilidades y combinaciones. Es así como, poco a poco, la empresa Penfolds se ha consolidado mediante la distribución de numerosos productos únicos. Entre ellos destacan los conocidos como «Bin de Penfolds», que se identifican con diferentes números en función de su origen y elaboración.

La gran variedad de vinos tintos que se elaboran bajo su marca hace complicado encontrar unas características comunes. Sin embargo, todos ellos comparten las exhaustivas medidas de calidad y los tiempos elevados de envejecimiento en barrica, que nunca son inferiores a los 24 meses. Las uvas más utilizadas son la Syrah y la Cabernet sauvignon, que aportan complejos aromas frutales, una gran estabilidad y una buena densidad en boca.

Conclusión

¡Enhorabuena, has llegado al final de esta guía sobre el vino tinto! A lo largo de los capítulos anteriores has visto una gran cantidad de temas.

Empezaste sin saber definir lo que era el vino tinto ni cómo se elaboraba, pero ahora ya conoces aspectos tan importantes como la composición y función que tienen las barricas en su proceso de elaboración, o la gran variedad de uvas tintas que pueden combinarse para crear infinidad de productos distintos.

También hemos analizado el interesante sector de las copas para el consumo óptimo de cada tipo de vino tinto. Finalmente, hemos entrado en detalle en algunas Denominaciones de Origen y en ciertos vinos tintos específicos, clasificándolos en base a sus peculiaridades y descubriendo productos de gran calidad que se elaboran tanto dentro como fuera del territorio gallego.

Tanto si ya conoces Galicia como si nunca la has visitado, te animamos a pasar unos días en ella y a descubrir todo lo que ofrece su gastronomía y viticultura. Esta región española recibe la influencia tanto del océano Atlántico como del mar Cantábrico, lo que le aporta un clima complejo y un suelo fértil, donde una amplia variedad de vides crecen con fuerza. Sus aliments típicos están condicionados por una fuerte tradición pesquera, combinada con la alta calidad de las reses que pastan por los prados de intenso color verde.

Llegados a este punto, solo me queda agradecerte que hayas continuado la lectura hasta el final. Espero que toda la información aportada en este artículo te sea útil (¡ya sea a a nivel personal o laboral!) y que te permita disfrutar de las maravillas del vino tinto con un mayor conocimiento de causa. En mi opinión personal, creo que la complejidad de su elaboración requiere también un consumo consciente e interesado.

Si tienes cualquier duda, pregunta, crítica o sugerencia, no dudes en dejar un comentario en el espacio destinado a ello que encontrarás a continuación. Lo leeré lo antes posible para darte una respuesta. ¡Muchas gracias por tu tiempo!

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